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26/09/2022

La supervivencia del más rico

Retrato de Elon Musk, por el artista Conor Walton

Cuando el escritor Douglas Rushkoff fue invitado a dar una charla en un resort privado sobre el futuro de la tecnología, pensó que simplemente acabaría, como de costumbre, contestando a preguntas sobre las palabras de moda del momento y si merecía la pena invertir en las industrias detrás de esas palabras: impresión 3D, blockchain...

Lo que no vio venir es que pronto los asistentes comenzaron a manifestar su verdadera preocupación: cómo sobrevivir cuando llegue el apocalipsis.
"¿Qué región se verá menos afectada por la futura crisis climática: Nueva Zelanda o Alaska? ¿Realmente Google está construyéndole a Ray Kurzweil un hogar para su cerebro, y sobrevivirá su consciencia a la transición, o morirá y renacerá como una nueva y totalmente distinta? Para acabar, el CEO de una casa de corredores de bolsa explicó que casi había completado la construcción de su propio sistema de búnkeres y preguntó: "¿Cómo mantengo mi autoridad sobre mis fuerzas de seguridad después del Evento?"

El Evento. Ese fue su eufemismo para el colapso medioambiental, malestar social, explosión nuclear, virus imparable o hackeo de Mr Robot que acabe con todo."
En este artículo, publicado en su cuenta de Medium y en The Guardian, Rushkoff reflexiona sobre cómo la tecnología dejó de ser un medio para que los humanos progresen y superen sus trabas, y se ha convertido en un fin y solución en sí misma. En un mundo colonizado por esta perspectiva, las características de los humanos ya no son features sino bugs, que se puden curar con las nuevas tecnologías. Todo lo que nos hace realmente humanos puede ser superado y dejado atrás: "el cuerpo, la interdependencia, la compasión, la vulnerabilidad y la complejidad".

Los multimillonarios no están interesados en usar la tecnología para hacer de este un mundo mejor, sino en convertirla en acciones en bolsa rentables y, en su debido momento, escapar del apocalipsis dejando atrás a todo quisque (excepto, por supuesto, a sus otros amigos también ricos) a bordo de cápsulas dirigidas a colonias en Marte, habitando búnkeres, volcando sus consciencias en la nube o a bordo de un coche (qué disparates se me ocurren) lanzado al espacio.

11/03/2022

What's the frequency, Kenneth?

 

En 1986 el conocido presentador de noticiarios Dan Rather fue asaltado por un total desconocido que le golpeaba mientras repetía la consigna: "¿Cuál es la frecuencia, Kenneth?". El agresor huyó. El misterioso suceso fue rápidamente difundido y la frase en cuestión fue asimilada por la cultura popular, hasta el punto de convertise en canción a manos del mismísimo grupo R.E.M.

La agresión y la identidad del agresor fueron un enigma... Hasta unos años después.

Visita el artículo de Emilio de Gorgot Canciones con historia: «What’s the Frequency, Kenneth?» para conocer la historia por completo. Una historia de violencia, locura, música y viajes en el tiempo.



31/03/2021

When the internet was about linking, not liking

«I remember when the internet was about linking, not liking, when it had a sublime lateral spread rather than scrolling into a hole.»

«I remember when others warned that we were beginning to fall into a system of self-surveillance, that people would begin to watch each other, to keep records, to aggress and suspect. I didn't want to believe it. Part of the appeal of the internet in the early days was that it was a semi-criminal conspiracy of people downloading pirated Weezer albums and Zizek books while cyber-cheating on their spouses and keeping anonymous blogs about their terrifying secrets. Who among these criminals would associate themselves with authority?»

«I have watched people being conditioned into screen addiction and once-unimaginable interpersonal viciousness. I have lost loved ones to paranoid screen holes and conspiracies and seen even self-identified leftists align themselves fully to corporate entities. Even as I stepped away, almost entirely, from most everything online — even, for a time, giving up email — I have felt such survivor guilt about those left behind, the ones still compulsively refreshing their twitter or facebook feeds.»

Extractos del artículo The earthly shadow of the cloud, de Anne Boyer, poeta y premio Pulitzer.

19/09/2020

Twitter y la pulsión de muerte

«Es por este motivo que la esclavizadora devoción a los "incentivos" sociales o biológicos de las plataformas no es suficiente explicación para nuestra "escribanía". Si nos vemos impulsados a escribir es por "algo en nosotros que está esperando a ser un adicto"; una falta, un deseo, una deficiencia que buscamos atender. ¿Es un ansia por conectar? ¿Un deseo de fama? Si es así, postear es una pobre estrategia: es tan probable que pierdas amigos como que los hagas, una celebridad online está a sólo 240 caracteres de la infamia online. Así que, ¿por qué seguimos participando en una actividad que actúa en contra de nuestros intereses y no nos aporta ningún placer en concreto? "¿Es la autodestrucción, de alguna forma perversa, el producto?", se pregunta Seymour. En otras palabras: nos vamos de viaje más allá del principio de placer. ¿Y si el impulso que acecha tras nuestra participación compulsiva en la Máquina de Tuitear no es una persecución conductual del placer maximizado, sino la pulsión de muerte freudiana, nuestro instinto latente hacia la extinción orgánica, la destrucción, la auto-obliteración, "la ratio"? ¿Y si publicamos cosas que nos autosabotean porque queremos sabotearnos? Y si la razón por la que tuiteamos es porque desearíamos estar muertos?»

Extraído y traducido del artículo  "Going Postal, A psychoanalytic reading of social media and the death drive" de Max Read.