«En este juego hay dos participantes: un oráculo capaz de predecir el futuro y un jugador normal. Al jugador se le presentan dos cajas: una abierta que contiene $1.000 y otra cerrada que puede contener $1.000.000 o bien $0. El jugador debe decidir si prefiere recibir el contenido de ambas cajas o solo el de la caja cerrada.
La complicación consiste en que anteriormente el oráculo ha vaticinado lo que va a escoger el jugador. Si vaticina que el jugador se llevará solo la caja cerrada, pondrá $1.000.000 dentro de esa caja. Si vaticina que el jugador se llevará las dos cajas, dejará vacía la caja cerrada. El jugador conoce el mecanismo del juego, pero no la predicción, que ya ha sido realizada.
¿Debería el jugador llevarse ambas cajas o solo la cerrada?»
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27/03/2021
La paradoja de Newcomb (wikipost)
03/09/2015
Hitler vegetariano
"Ah, ¿eres vegetariano? ¿Pues sabes quién era también vegetariano? Hitler."
¿Cuántos vegetarianos y veganos hbrán tenido que oír en su vida este argumento? Con él, sus interlocutores parecen pretender que escupas presto las verduras que estás masticando en un rechazo súbito a ser relacionado con nada que tenga que ver con el peor ser humano de la historia.
En realidad, como suele suceder, parece que la cuestión no era tan sencilla. Hitler afirmaba ser vegetariano y defendía la dieta vegetariana, algo que ayudaba a cultivar su imagen de líder ascético y casaba con toda la doctrina del hombre ario como ser superior, evolucionado y libre de vicios. "El mundo del futuro será vegetariano", afirmó.
Parece ser que esto era más bien una necesidad que una convicción, ya que comenzó su dieta libre de carne como intento de librarse de ciertos problemas de sudoracion, digestión, gases especialmente olorosos y manchas en la ropa interior.
Además, existen múltiples testimonios de que Hitler no renunció del todo a la carne en su dieta. Testimonios, por ejemplo, como el de un chef de un hotel de Baviera donde residió antes de la guerra.
El afirmar que algo era del gusto de Hitler como argumento para desacreditarlo es una falacia tan habitual que incluso se le ha puesto nombre: reductio ad hitlerum (o reductio ad nazium). Fue propuesta por el filósofo político Leo Strauss en uno de sus artículos en 1951.
La secuencia lógica sería: Hitler apoyaba tal cosa. Hitler era aborrecible. Por lo tanto tal cosa también es aborrecible. Es habitual que esta falacia se aplique también a los nazis, Franco u Osama Bin Laden. La comparación con el nazismo se considera hoy en día la herramienta impactante y barata de los que carecen de mejores argumentos.
La reductio ad hitlerum se puede considerar una combinación de otras varias falacias: argumento ad hominem, argumento ad nauseam y falacia de asociación. Es inevitable recordar la ley de Godwin, que ya he comentado aquí alguna vez. El primero que mencione a los nazis, pierde.
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