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03/10/2015

El día que el payaso lloró


Jerry Lewis, el Jim Carrey de su época, se embarcó en el peliagudo proyecto de rodar una película sobre un payaso que intenta hacer reír a los niños judíos de los campos de concentración. Esto, bien hecho, con saber hacer, podría haber acabado en una buena película. La búsqueda de la esperanza en las situaciones más adversas, un personaje despreciable que se redime encontrando su verdadero cometido en la vida... Pero no fue el caso. De hecho la cosa empezó a tener tan mala pinta, empezó a apestar tanto a mierda, era una película tan inadecuada, oscura y perversa, que los productores hicieron el dale marcha atrás chica disco y se largaron a mitad del proyecto, dejando colgado a Lewis, que tuvo que acabar el proyecto por sus cojones y poniendo su propio dinero.

Y Jerry Lewis observó su trabajo y dijo algo más o menos así:


Y fue así que le entregó el metraje a la Biblioteca del Congreso de los EEUU y les dijo: "Conservadlo para la posteridad, pero jamás, jamás, jamás dejéis a nadie ver este horror". Bueno, para ser fieles a la realidad, se dice que hace un par de años declaró: "Agradezco tener el poder para contenerla y no permitir que nadie la vea nunca. Era mala, mala, mala. Pudo ser maravillosa, pero la fastidié". Así que la película pasó al universo de las obras malditas y secretas, a salvo de la vista de la humanidad.

A salvo al menos hasta dentro de 10 años, ya que el autor parece haberse ablandado y, de no querer que se publicara ni después de muerto, ha pasado a decidir que se revele dentro de una década.

En este documental de 1972 se puede ver parte del proceso de rodaje y el único metraje que se ha hecho público de esta película.

Pero todo lo cuenta mucho mejor el señor John Tones en "Verne", su blog en El Pais, en este artículo.

03/09/2015

Hitler vegetariano


"Ah, ¿eres vegetariano? ¿Pues sabes quién era también vegetariano? Hitler."

¿Cuántos vegetarianos y veganos hbrán tenido que oír en su vida este argumento? Con él, sus interlocutores parecen pretender que escupas presto las verduras que estás masticando en un rechazo súbito a ser relacionado con nada que tenga que ver con el peor ser humano de la historia.

En realidad, como suele suceder, parece que la cuestión no era tan sencilla. Hitler afirmaba ser vegetariano y defendía la dieta vegetariana, algo que ayudaba a cultivar su imagen de líder ascético y casaba con toda la doctrina del hombre ario como ser superior, evolucionado y libre de vicios. "El mundo del futuro será vegetariano", afirmó.

Parece ser que esto era más bien una necesidad que una convicción, ya que comenzó su dieta libre de carne como intento de librarse de ciertos problemas de sudoracion, digestión, gases especialmente olorosos y manchas en la ropa interior.

Además, existen múltiples testimonios de que Hitler no renunció del todo a la carne en su dieta. Testimonios, por ejemplo, como el de un chef de un hotel de Baviera donde residió antes de la guerra.


El afirmar que algo era del gusto de Hitler como argumento para desacreditarlo es una falacia tan habitual que incluso se le ha puesto nombre: reductio ad hitlerum (o reductio ad nazium). Fue propuesta por el filósofo político Leo Strauss en uno de sus artículos en 1951.

La secuencia lógica sería: Hitler apoyaba tal cosa. Hitler era aborrecible. Por lo tanto tal cosa también es aborrecible. Es habitual que esta falacia se aplique también a los nazis, Franco u Osama Bin Laden. La comparación con el nazismo se considera hoy en día la herramienta impactante y barata de los que carecen de mejores argumentos.

La reductio ad hitlerum se puede considerar una combinación de otras varias falacias: argumento ad hominem, argumento ad nauseam y falacia de asociación. Es inevitable recordar la ley de Godwin, que ya he comentado aquí alguna vez. El primero que mencione a los nazis, pierde.

27/08/2015

Leyes epónimas

Representación gráfica de una discusión habitual en Internet

En este wikipost no os traigo un artículo de Wikipedia, sino ocho, todos ellos relacionados con teorías con nombre de persona humana.

· Principio de Peter: en cada jerarquía los empleados van siendo ascendidos por sus méritos hasta llegar naturalmente a un puesto de responsabilidad tal que sobrepasa sus habilidades. Esto podría explicar el hecho habitualmente observado de que los jefes son unos incompetentes.

· Principio de Dilbert: como ampliación del principio de Peter, los empleados incompetentes también serían ascendidos, ya que en ocasiones el trabajo realizado en puestos superiores tiene menos impacto real sobre el producto y así se disminuye el riesgo de que metan la pata, recayendo la mayor parte del trabajo efectivo en los "curritos" de los niveles bajos. Este principio fue establecido de una forma un tanto satírica por Scott Adams, creador de la tira cómica Dilbert. Por cierto, personalmente considero Dilbert un cómic un tanto insulso, humor para oficinistas, para geeks quizá, pero tengo que recomendar la serie de animación que se hizo en 1999. Es inexplicable que no llegara a los niveles de fama de South Park o Rick y Morty.

·Principio de Dunning-Kruger: los incompetentes no son conscientes de su incompetencia, tienden a sobrestimar sus capacidades y a sentir una mayor confianza en sí mismos, mientras que los individuos más competentes tienden a subestimar sus capacidades, ya que piensan que lo que ellos pueden hacer también pueden hacerlo los demás.

·Ley de la controversia de Benford: "La pasión asociada a una discusión es inversamente proporcional a la cantidad de información real disponible." Fue enunciada por el escritor de ciencia ficción Gregory Benford en su novela "Cronopaisaje" y es aplicable especialmente a las discusiones en internet. Es decir: las personas más cabreadas en una discusión en la red suelen ser las que menos informadas están sobre la materia.

·Ley de Wilcox-McCandlish: "La probabilidad del éxito de cualquier intento de cambiar el asunto o la dirección de una discusión en un foro online es directamente proporcional a la calidad del contenido actual." Es decir, cuanto más mierda es una discusión en internet, más difícil es mejorarla o cambiar de tema.

Esta ley tiene corolarios interesantes como el de McCandlish: "el consumo de ancho de banda por una discusión se incrementa en proporción inversa a su calidad"; o la crítica de Reed y Metcalfe: "la utilidad de foros grandes en línea se reduce exponencialmente en proporción con el número de participantes".

Y por supuesto, hay que acabar con un clásico ya ampliamente conocido:

·Ley de Godwin: "A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno." Generalmente se acepta que cuando aparecen los nazis o Hitler como argumento, el hilo ha llegado a un nivel de calidad similar al de la mierda y no merece la pena continuarlo. El que juega la carta de Hitler, pierde.

Este principio (más que una ley) se originó en los 90 en torno a foros de discusión de Usenet, uno de los primeros sistemas globales de intercambio de mensajes en red. De hecho, todo sucedió exactamente aquí en 1989 y hoy podéis leerlo gracias a la magia de Internet. Como véis, no fue exactamente Mike Godwin el primero en proponer esta idea.


¿Te has quedado con ganas de más? Aquí otro artículo con una lista de leyes epónimas.