¿Por qué se permitió que esto pasara? ¿Por qué nadie paró a Chris-Chan en su camino hacia la inmolación? ¿Es una víctima o en realidad le gusta ser el centro de una atención tan enfermiza? ¿De quién fue el fracaso: suyo, de sus padres, de la sociedad americana...? ¿De verdad no hubo ninguna institución que pudiera detener este desastre?
Me surgen muchas preguntas al conocer la saga de Chris-Chan, pero la que me atormenta es: ¿cómo es que me acabo de enterar ahora, en 2023, de toda esta historia? Es el personaje de internet sobre el que existe más documentación y aun así su existencia se me ha pasado por alto. Shame on me.
Este que lees es un post de difícil abordaje, precisamente por la abrumadora cantidad de información que existe sobre Chris (no en vano tiene su propia wiki con más de 2,000 artículos actualmente), así que cuando uno quiere escribir sobre esta saga épica no sabe qué tratar y qué dejar fuera. Tan abundante es la cantidad de andanzas de este personaje que he optado por no escribir un artículo detallado sobre Chris-Chan y en su lugar remitiros a otros documentos que han tratado el tema probablemente mejor de lo que yo podría hacerlo.
Para empezar, en el podcast Archivos Subterráneos le dedicaron todo un episodio en el que repasan, de forma pormenorizada y cronológica, todo lo que se sabe y que ha sucedido sobre este personaje, desde el descubrimiento de su webcómic Sonichu hasta los terribles sucesos más recientes. Todo un viaje por el pozo sin fondo de la vida de esta persona. Troleo máximo, acoso y una sucesión de malas decisiones que no acaba nunca.
El canal de YouTube GenoSamuel2.1 está dedicado a un documental sobre su vida que hasta ahora cuenta con 75 capítulos (sí, has leído bien: 75) de más de 40 minutos cada uno.
Algo más asequible es el vídeo "Sonichu and Christian Weston Chandler - Down the Rabbit Hole" de tan sólo 23 minutos de duración. No lo cuenta todo con tanto detalle como otras fuentes pero puede servir como introducción y repaso general.
Me gustaría cerrar aquí y acabar lanzando un mensaje: estamos hablando de una persona discapacitada. Se le puede acusar de ser homófobo y cosas aún peores. Se le puede acusar de habérselo buscado, de haber provocado él todo este lío, de tomar una mala decisión detrás de otra, de gustarle la atención pública. Pero no olvidemos que estamos hablando de una persona que entra dentro del espectro autista que vivía con padres "diógenes", la cual se vio convertida en el centro de atención de comunidades de trolls que durante años la han estado exprimiendo como a una lolcow sólo en honor de un sentido cruel de la diversión que hace unas décadas aún no existía. ¡O témpora, o mores!
Este post no va en realidad sobre el músico Chilly Gonzales. Va sobre mí. Sobre la persona que escribe esto. Va sobre cómo me percibo a mí mismo.
Este post no trata sobre Chilly Gonzales. Así que dadle al play y miradle. Mirad a Chilly Gonzales tocando el piano. Sólo piano.
Está medio calvo. El pelo largo repeinado para atrás. Narigudo. Vello en las manos. Suda. Larguirucho. Ni siquiera lleva un traje elegante. Incluso va en pantuflas.
No importa. Te lo follarías. ¿Tú no te lo follarías? Yo me lo follaría. Me lo follaría a saco.
Porque le está echando pasión. Por el carisma, por el lugar privilegiado que es un escenario. Suda por los focos pero también suda porque no para de moverse, porque está actuando, actuar en el sentido de acción, de hacer. Porque es un artista y ¿quién no se quiere follar a los artistas? Artistas que actúan, actuar en el sentido de fingir, de crear de la nada, de contar historias y tocarte, emocionarte. Como las notas del piano. Como los silencios entre las notas del piano. Como el sonido de las teclas del piano funcionando y golpeando y la respiración esforzada del intérprete.
Porque Chilly Gonzales está en mitad del fluir, y cuando eso sucede eres feliz, y si hay un tipo de gente tan follable como los artistas es la gente feliz.
Pero este post no va sobre Chilly Gonzales. Va sobre mí. Más cerca de los cuarenta ya que de los treinta. Me veo barriga, bajito, cejijunto, en baja forma, con papada. Me veo con varias relaciones fallidas, dejadas y dejado, a la espalda y pienso ¿fallará algo en mí?
Sin trabajo fijo ni casa. Inepto social, laboral y vital. Adicto a la seguridad que proporciona internet, el único lugar dónde tienes (medianamente) control sobre lo que sucede, lo que ves, lo que dices y lo que te dicen.
Medianamente, porque ahí están ante mis ojos todos esos actores que sólo han llegado a algo por ser guapos y atléticos, todos esos modelos fotográficos, todos esos chavales en Tumblr, Pinterest, Instagram, posando, llenando las noticias, protagonizando películas. Ahí está la publicidad, las modas, las barbitas recortadas a nivel subatómico y los tupés de barbería, los tatuajes que quedan superbién sólo a los demás, las máquinas y el horario del gimnasio, las cremas y mil mierdas nuevas para venderle a los hombres. Hasta ahora han ido a por las mujeres y ahora van a por nosotros. A por nuestra autopercepción y nuestra autoestima. A machacarnos para luego vendernos la solución al machaque. ¿Qué se siente? ¿Eh?
Pero ahí está Chilly Gonzales, sudando mientras le da al piano. Desgarbado, se la pela todo. Se la pela el sex appeal, la juventud, el gimnasio (digo yo, que todo puede ser y a lo mejor este hombre le da al deporte para mantenerse vivo y sano). Y le harías el amor. Claro que le harías el amor.
En realidad el título de este post ya es de por sí engañoso y puro clickbait. Porque el hecho es que a Bill Hicks se le fue la pinza en este y otros monólogos. Muchos, estoy seguro. Unas veces por su propia búsqueda de la provocación y lo extremo, otras por la influencia del alcohol y las drogas con los que tuvo una relación amor-odio (esa novia a la que amas pero que te está jodiendo la vida, sabes que es maravillosa pero tienes que echarle pelotas y por fin dejarla). Otras veces, como aquí, era pura frustración al intentar desplegar su arte del monólogo (ya no sólo la comedia, monólogo, estamos hablando de USA aquí) ante un público obnoxious que no estaba a la altura. Un público que gritaba consignas o le interrumpía mientras él intentaba hacer pensar o al menos reír. Ser gracioso, vamos. Tengamos en cuenta que Hicks se pasó desde la adolescencia recorriendo clubs, bares, escenarios intentando hacer reaccionar a público de variada calaña, y eso te quema
La clave para entender lo que está pasando aquí, por una vez, por una maldita vez, se encuentra en la sección de comentarios, gracias a alguien que se ha tomado la molestia de escribir algo coherente durante más de un minuto, más allá de quedarse en el "Wow, edgy, so nazi". Gracias, gracias Theyetidude, por hacer que a veces sigamos cayendo en la falsa esperanza de que quizá esta vez en los comentarios se encuentre algo útil en lugar de hacernos perder la fe en la humandidad. Esa humanidad constántemente dualista, feminista-machista-pepera-roja-podemita-listo-tonto-iluminado-ignorante-chulo-más chulo aun.
I can explain this: the heckler yelled 'freebird' because back in the
late 80's Chicago Loop radio talk
show host, Kevin Matthews, used to
tell people to say that at any kind of concert venue (which is why he
says Kevin Matthews after 'Freebird'). He says 'Jim Shorts,' because
that was a character that Kevin Matthews would play during his radio
show and it was a pretty obnoxious schtick to get the fans to laugh.
Bill kinda over-reacted to say the least. Wow, was he a high strung
dude.
Pues eso. Un espectador repetía y repetía el título de la canción Freebird (esta de Lynyrd Skynyrd, si no me falla el instinto) porque un locutor de radio le había pedido a los oyentes que lo hiciesen, no importaba el concierto en el que estuvieran. Marketing viral y memes de los 80.
Hay mucho más que decir sobre Bill Hicks, un ejemplar extraño y excéntrico en el arte de la comedia americana y mundial. Ya lo mencioné anteriormente, de forma tangencial, en el artículo Es sólo un viaje. Pero lo que siempre recomendaré para conocer a fondo toda la historia tras él es el documental American: The Bill Hicks Story (subtitulado y en 7 partes).
El pasado 6 de Junio, a los 42 años, moría por un ataque cardíaco Kevin Johnson, más conocido por sus fans de Internet y del mundo de la lucha como Kimbo Slice, un nombre que resonará en la historia de la red como otros nombres. Como, digamos, Batu The Dog, pero salvando las distancias.
Kimbo se convirtió en un fenómeno de internet cuando comenzaron a difundirse los vídeos de sus peleas callejeras, donde putos locos, moles humanas, se destrozaban a puños desnudos, y Kimbo siempre los acababa tumbando con la infalibilidad de un martillo pilón. ¿O no siempre...? Más tarde Kimbo se pasó al mundo de las peleas reglamentarias, a las artes marciales mixtas y al boxeo, pero su nombre era siempre el más coreado. Era la estrella de internet subiéndose al ring.
Por el 2008 descubrí todo esto a la vez, la figura de Kimbo, las hiperviolentas peleas callejeras, y me dejó totalmente impactado. Tras investigar un poco escribí el siguiente texto, del cual estoy bastante orgulloso, excepto quizá por un final bastante abrupto. Mi intención era publicarlo aquí, en Atomic Buddha, pero vaya usted a saber por qué, nunca lo hice.
Ahora aquí lo tenéis, con 8 años de retraso, ya difunto Kimbo. Algunos hechos y nombres han sido inventados, ya por ignorancia, ya por licencia narrativa.
La danza ritual de "I'll whip ya head boy"
John Johnson
conoció a Kimbo Slice y le hizo una propuesta.
- Kimbo, eres un negro
enorme con pinta de peligroso. Tienes brazos como muslos y dos hombros como dos
cabezas de negro. Parece que podrías matar a alguien sólo dándole una hostia
con esa barbaca que tienes de oreja a oreja. Necesito a alguien como tú.
¿Trabajarías para mí como guardaespaldas? Te pagaría muy bien.
- Kimbo –respondió
Kimbo.
John Johnson formaba
parte de Reality Kings, empresa del porno propietaria de varias marcas con bastante
éxito en Internet, como MILF Hunter, es decir, una de esas páginas web de porno
de donde nunca te bajas nada pagando porque todo está ya en el emule.
Kimbo se puso la
camiseta negra con el lema Reality Kings
y pasó a formar parte de la plantilla de negros con pinta de peligrosos que acompañaban
a Johnson de un lado para otro, de un evento a otro. Su crew. También estaba Walt,
una montaña humana que le sacaba tres cabezas a todo el mundo. Un pedazo de
gordo donde cabían dos kimbos, con casi tanto ceño como barriga.
Había una feria
erótica, y allá iban con Johnson, detrás de Johnson, abriendo paso sólo con su
presencia y mirando a todo el mundo con cara de mala hostia. Pero al poco la
cara de mala hostia se delató como innecesaria. Pronto fue divertido. Las manos
se chocaban y las espaldas se palmeteaban, sup men, what up, nigga.
Llegaban los oscars del
porno, del eufemísticamente llamado cine de adultos, y allá iban acompañando a
Johnson, saludando a gente que habían conocido de otros certámenes, de otras ferias,
a la crew y guardaespaldas de otros jeques del Reality Kings o de otras
productoras, haciendo amigos. Todos sabían que si te empeñabas por el lado
equivocado te soltaban a Kimbo, que se te arrimaba y de una hostia te dejaba
con las neuronas que tendrías a los 60 años. No hacía falta conocerle ni haber
oído hablar de él, bastaba con mirarle. Así que todo el mundo quería ser amigo
de Johnson y de Kimbo.
Los jeques del porno
competían entre ellos por ver quién tenía la crew con los tíos más mazas, más gordos,
más enormes y más negros. Pero al final todos eran amigos. Más les valía.
Un día Johnson fue a
Kimbo y fue a proponerle algo que cambiaría su vida.
- ¿Sabes? He estado
pensando. He estado pensando en cómo peleaste con aquel tío el otro día en la
feria de Las Vegas, aquel que se puso chulo, que hablaba demasiado. Le dejaste
fuera con un par de golpes, y tenías estilo de boxeador. Hemos tenido una idea
y queríamos proponértelo. ¿Qué te parece si te metemos en peleas por dinero?
Por apuestas. Te pagaríamos. Serían peleas sin guantes, no profesionales, vale
casi todo.
- Kimbo –respondió.
Así que empezó a
pelear. Le buscaban contrincantes. Hacían un par de llamadas y encontraban a
alguien que conocía a un tío en cierto barrio que era un bestia y tenía el peso
suficiente. Y para allá se iba la crew en la furgoneta, todos uniformados con
sus camisetas negras de Reality Kings. Por el camino hablaban del combate
inminente, de cómo era el otro tío, cuáles eran sus puntos débiles, qué tenía
que hacer Kimbo y lo chupado que lo tenía Kimbo. Kimbo lo iba a destrozar.
Kimbo siempre los destrozaba.
Llegaban allí, a la
casa del contacto, entraban todos e iban al jardín trasero, al backyard.
Aquello era backyard fight. Sin guantes, sin suspensorios, sin rounds, sin reglas (casi).
Allí esperaba un chicano enorme con pinta de haber pasado una temporada en la
cárcel, o al menos de merecérselo.
Kimbo se quitaba y
la camiseta y el otro ya temblaba, sabiendo lo que iba a pasar. Todos en el
backyard sabían lo que iba a pasar, porque Kimbo tiene dos hombros como dos
cabezas de negro y un pecho como una colchoneta de playa cubierta de vello
negro y espeso africano. Porque Kimbo se inclina hacia adelante, y coloca los puños y mira y se concentra y mueve los
pies como un profesional, por muchas libras que pese el otro.
El otro. El otro
pega bien y en el barrio impone respeto y sabe que si algún día alguien entra
en su casa para robar podrá coger un bate y destrozarle. Y sobrevivió en la
cárcel, con eso se dice todo. Estaba con el grupo ganador.
Pero aquí, en el
backyard, empieza la pelea y ya se sabe lo que va a pasar. Porque Kimbo se te
lanza como una cosechadora encima, como un diablo de Tasmania, un torbellino de
puños, con la furia de su primera vez, y las dos primeras hostias ya le dejan
claro al otro lo que hay, y recula, y calcula. Y puede decir “Joder, venga, que
soy yo. Voy a matar a este negro. Voy a destrozarlo. Soy yo. Voy a sacar todo
lo que tengo y le voy a tumbar. No eres tan duro. ¡No eres tan duro! ¡Sólo eres
un hombre!”. Y lo intentas. Le lanzas uno y otro y oyes a todo el mundo
gritando, a todos esos apostadores y tus amigos animando, chillando como monos,
por un momento parece un conflicto en la selva. Y el caso es que le das, le das
bien. Pero Kimbo está ahí con los brazos abiertos, invitándote, como diciendo
“¿Eso es todo? ¡Venga, inténtalo otra vez!”. Y le das otra vez y le giras la
cara de una buena, la mejor que tienes. Él ni siquiera se protege ni te
esquiva, recibe el golpe. Y ahí está el Kimbo, como si nada, mirándote,
chillándote, invitándote.
Reculas de nuevo,
calculando. Calculando si echar a correr o tirar la toalla. O suicidarte. Kimbo
está ahí provocándote con los brazos abiertos, haciendo señas de que te
acerques, diciéndote con los dientes apretados:
- Come on! Come on! What´s up?!
Y todos están
alrededor mirándote, y eres el más duro de todo el barrio y hay dinero en juego.
Así que optas por suicidarte. Te lanzas y le metes un gancho que tumbaría a un
buen policía. Pero cuando todos los monos están gritando Finish him, Kimbo! Kill that motherfucker! Finish him!, Kimbo te
hace ver tu error y ya está, de la que te mete te ha reventado media cara. No
verás por ese ojo en más o menos una semana.
Necesitas respirar.
El cabrón te pide más. Todos preguntan. Kimbo te pregunta extendiendo su mano y
tú le respondes chocándosela. Se acabó la pelea. Más gritos que nunca.
Al final siempre se
daban la mano y se abrazaban. Porque no peleaban por odio, sino sólo por dinero
y por probar quién era más fuerte. Por ser hombres, por sentir dolor. Con media
cara abierta y el ojo hecho magra, el chicano abrazaba a Kimbo y reían como
colegas de toda la vida, se felicitaban por el combate e intercambiaban sudor.
La crew se marchaba
del jardín, de la casa, se montaban en la furgoneta colocados de adrenalina, de
orgullo, de marcha, sintiendo que podían haber derribado las torres gemelas a
cabezazos.
- I told ya, nigga! I told ya! I
know my dog!
Walt miraba alrededor ceñudo.
Kimbo decía poco pero
estaba contento. Contento, resollando como un bull terrier, cubierto de sudor y
la barbaca salpicada de una sustancia blanca.
Unas cuantas peleas y
miles de dólares después, Johnson fue a Kimbo y le dijo:
- Hemos pensado que
vamos a subir algunas peleas tuyas que hemos grabado a Internet. Tus peleas son
la caña. A la gente le van a gustar. ¿Qué te parece?
- Kimbo Slice.
- ¿Cómo…?
- Kimbo Slice.
- Oye, me gusta, ese
va a ser tu nombre artístico: Kimbo Slice. Bueno, ya te contaré.
Más peleas. La pelea contra Chico, la pelea contra Dreads, contra Adryan, contra The Bouncer, contra
Afro Puff y Big Mac, uno detrás de otro. Siempre dos hombres mirándose a los ojos y a los puños, danzando uno
en torno al otro, en un jardín trasero, en un porche, en un almacén, en un
aeropuerto. Sin calzón de color, sin chica meneando el culo con un letrero
anunciando el round, sin publicidad, sin cuerdas, sin árbitro. Combates contra,
sí, tíos grandes y duros, tíos que te harían cambiar de acera por la noche, que
te aprietan en la clavícula y te matan. Pero Kimbo les daba un izquierdazo y un
derechazo y se acabó. Se acabó el video. Adolescentes de todas partes volvían a
darle al play para ver el gancho que le cuela Kimbo a The Bouncer por el hueco
que deja por abajo, y aullaban y se les derramaban los doritos y el purple drankcuando veían al Bouncer quedarse
tonto, temblar, flaquear, dar unos pasos hacia atrás en cuclillas y caer al
suelo con cara de no saber qué ha pasado. Miles de chicos blancos exclamaban
- Holy shit!
Viendo cómo Kimbo
acorrala a otro en el suelo, contra la valla de madera, y sigue dándole y
dándole y dándole con la maza en toda la cepa hasta que pide clemencia. Kimbo
se aleja con elegancia y le pregunta: “¿Estás bien?”. Qué cabrón.
Kimbo siempre gana.
Kimbo siempre destroza. Kimbo lo aguanta todo. Kimbo los tumba a todos en un
par de minutos. Nadie es rival para Kimbo.
Eso era un problema.
¿Acaso sólo subían los videos de las peleas en las que ganaba? ¿Alguna vez
había perdido? ¿Cómo sería la bestia que había podido vencer a Kimbo? Y todos
los tíos con los que enfrentaban a Kimbo eran gordos, o necesitaban cada dos
por tres apartarse las rastas de la cara, o quedaba claro desde el principio
que iban a caer, incluso que tenían miedo. Quizá nadie pensaba en todo eso.
Tenían a un ídolo, a una nueva estrella de Internet. Y no un gordo haciendo el
patoso o cantando una canción, o un freak disfrazado. Un tío sudoroso que da
hostias como panes a puño cerrado. Un animal seguro de sí mismo con una barba tan espesa que no deja escapar la luz. Un personaje totalmente underground y rozando lo ilegal.
Aquellas peleas, el
backyard fight, pasaron a llamarse kimbo fights.
Los videos de sus
peleas en Internet fueron acumulando miles de descargas, y luego de visitas. Invitarona Kimbo Slice a un programa de la MTV. Ofrecían a un par de desgraciados por la calle dejarse pegar en el estómago por “un amigo” de la presentadora. Luego el
amigo llegaba y resultaba ser Kimbo Slice. Entonces los incautos reían por no
llorar. Tenían internet y sabían.
Kimbo les daba una
mascá a cada uno en las tripas y salían despedidos hacia atrás. En el suelo
reían. Estarían una temporada a base de dieta blanda, pero ya eran cien dólares
más ricos.
Sean Gannon era un blanco muy alto,
no especialmente cachas, simplemente grande. Un tío de aspecto normal que se había ganado la vida como policía en Nueva York.
-
Mi mulo le puede a tu mulo –le habían dicho a John Johnson. Así que tuvieron
que organizar aquel combate. “El combate del que todo el mundo te ha hablado”,
lo llamaron en Internet.
Fue
un combate eterno.
Puedes
ver perfectamente la progresión, la diferencia entre los luchadores enérgicos
del principio y los dos peleles totalmente extenuados del final intentando
reunir fuerzas para dar un golpe más. Nadie había durado tanto con Kimbo. Todo
vale en este tipo de lucha, pero casi nadie había tenido la oportunidad de
llegar a usarlo contra Kimbo. Rodillazos. Codazos en toda la cara. Llaves. Se
acorralaban contra la pared y se castigaban el bazo. Se lanzaban contra las
colchonetas del suelo, se arrollaban el uno al otro quitando de en medio los
bloques que delimitaban el “ring”, casi atropellando a los espectadores, a los
managers, a los apostadores, la crew, todos los que aullaban, y gritaban, animaban,
se desgañitaban por un día para sugerir cosas bastante violentas y mortales que,
de oírles, sus mujeres probablemente desaprobarían. Cosascomo “¡Mata a ese negro!”, por ejemplo.
La
gente no podía más. Invadieron las colchonetas y los rodearon para gritarles
más de cerca, para mirar más de cerca. Le está cogiendo de la pierna, eso no
vale. Está usando la rodilla, eso no vale. Gritos y protestas sin parar.
Parecería que los dos bandos de espectadores se van a matar entre ellos.
Los
luchadores no pueden más. Se agarran y ahí se quedan, sin fuerzas para soltarse
ni para golpear. Los ves y parece que cada golpe lo dan a cámara lenta, que el
puño frota, más que pegar. Parecen nenas. Parece que llevaran plomo en los
puños. Golpes que probablemente, incluso a cámara lenta como esa, a ti y a mí
nos noquearían.
Y
ahí está, un último arranque de Gannon. Ha dicho: “¡A la mierda, arriba!”. Hace
caer a Kimbo, que por su expresión parece que ya no sabe ni que está en un
combate, ni por qué le está pegando tanto ese señor tan malo.
No
puede ser. Se arremolinan alrededor de Kimbo y le gritan para que se levante.
Cuentan.
En
este tipo de lucha no hay rounds, pero cuando estás en el suelo, aunque sea con
una rodilla en el suelo, te cuentan hasta treinta, y más vale que aproveches
ese tiempo para recuperar el aliento y recordar quién eres. Kimbo lo aprovecha.
A los veinticuatro se levanta y todos rugen con una última esperanza. Gannon le
demuestra que ha sido mala idea. ¿Te levantas? ¿Todavía duras? Voy. Tú eres
guardaespaldas como yo soy policía. No tengo nada contra ti, pero te voy a destruir. Le golpea en el cuello con un resquicio de energía que le quedaba guardado en los
talones.
Kimbo
cae de nuevo. Kimbo ha caído. Get up, nigga! Get up! Uno, dos, tres,
veinticinco. Kimbo ha perdido. Kimbo ha perdido. Todos gritan. Esto es
historia.
Los
dos se abrazan como si acabaran de dar a luz un hijo compartido. No se puede
sudar más en el mundo.
Kimbo
siguió siendo una celebridad y teniendo fans. Pasó a luchar en la MMA, Artes
Marciales Mixtas, donde dos luchadores que pueden venir de mundos diferentes
(artes marciales y boxeo, kick boxing y pelea callejera) se encierran en un
ring casi jaula. Entrenó, luchó y sigue sin ser vencido.
Actualmente
vive en Miami y es padre de tres chicas (Kassandra, Kiara, y Kevina) y tres
chicos (Kevin, Kevin y Kevlar).
"¿Cómo te examinas a ti mismo? ¿Qué sucede cuando te interrogas a ti mismo? ¿Qué pasa cuando empiezas a poner bajo cuestionamiento tus asunciones tácitas y tus presupuestos inarticulados, y empiezas a convertirte en otro tipo de persona?
Verás, yo lo expongo de esta manera. Para mí la Filosofía trata básicamente sobre nuestra situación finita. Podemos definir eso en estos términos: somos seres hacia la muerte, somos animales bípedos implumes lingüísticamente conscientes, nacidos entre orinas y heces, cuyos cuerpos serán un día manjar para los gusanos. Eso somos. Somos seres hacia la muerte.
Y al mismo tiempo sentimos deseo, ya que somos seres en el tiempo y el espacio, y eso es deseo ante el rostro de la muerte.
Y, por supuesto, tenemos el dogmatismo, intentos varios de aferrarse a la certeza, formas varias de idolatría, y tienes un diálogo ante el rostro del dogmatismo.
Y, por supuesto, estructural e institucionalmente, tienes dominación y tienes democracia. Tienes gente intentando pedir cuentas a élites, reyes, reinas, soberanos, élites corporativas, políticos, gente intentando hacer que todos ellos rindan cuentas ante la gente de a pie.
Así que la filosofía en sí misma se convierte en una disposición crítica de luchar con deseo ante el rostro de la muerte, de luchar con diálogo ante el rostro del dogmatismo, intentando mantener vivos frágiles experimentos democráticos ante el rostro de las estructuras de dominación: patriarcado, supremacía blanca, poder imperial, poder estatal… Todas esas formas de poder que no rinden cuentas ante las personas a las que afectan"
Cornel West, filósofo y profesor en la Universidad de Princeton, en el documental filosófico Examined Life, dirigido por Astra Taylor, 2008. (Trailer).
Titulo original: Dinosauria, We.
Escrito y recitado por Charles Bukowski (1920-1994).
Español (más abajo, en inglés)
Nacimos así
en medio de esto
mientras rostros de tiza sonríen
mientras doña muerte ríe
mientras los ascensores se rompen
mientras panoramas políticos se disuelven
mientras el chico del supermercado
termina la Universidad
mientras peces envueltos en petróleo
escupen su aceitosa plegaria
mientras el sol está enmascarado.
Nacimos así
en medio de esto
en medio de guerras prudentemente enloquecidas
en medio del paisaje de fabricas con ventanas
rotas y vacías
en medio de bares en donde la gente ya no habla
en medio de peleas que pasan de los puños a
las armas y a las navajas.
Nacimos en esto
entre hospitales tan caros que es más barato morirse
entre abogados que te cobran tanto, que es más
barato declararse culpable.
En un país donde las cárceles están llenas
y los manicomios cerrados.
En un lugar donde las masas elevan a los ineptos
a la categoría de héroes.
Nacimos en esto
caminamos y vivimos
através de esto
muriendo por esto
mutando por esto
silenciados a causa de esto
castrados,
abusados,
desheredados
por esto,
engañados por esto,
usados por esto,
jodidos por esto,
enloquecidos y enfermos por esto,
convertidos en seres violentos
convertidos en seres inhumanos
por esto.
Los corazones están ennegrecidos
los dedos buscan las gargantas
al revolver
la navaja
a la bomba
los dedos se dirigen hacia un Dios insensible
que no responde.
Los dedos van a la botella
a las pastillas
a la pólvora.
Hemos nacido en medio de esta lastimosa devastación
hemos nacido en medio de un gobierno endeudado
hace 60 años
que pronto no podrá pagar siquiera los intereses
y los bancos arderán
y el dinero no servirá para nada.
Habrá asesinos libres e impunes por las calles
habrá pistolas y mafias oficiales.
La tierra se volverá inútil
los alimentos serán una recompensa que se esfuma.
El poder nuclear estará en manos de la mayoría
explosiones sacudirán la tierra.
Hombres robot afectados por radiaciones
acecharán a otros hombres.
Los ricos y los elegidos observarán
desde plataformas espaciales.
El infierno de Dante parecerá
un juego de niños.
El sol ya no se verá y será siempre noche
los árboles morirán
toda la vegetación morirá
hombres afectados por radiaciones comerán
la carne de otros hombres afectados por radiaciones.
El mar estará contaminado
los lagos y los ríos desaparecerán
la lluvia será el nuevo oro.
Un viento oscuro esparcirá el hedor de
cuerpos putrefactos de hombres y animales
los escasos sobrevivientes serán, asediados
por nuevas y horribles enfermedades.
Y las plataformas espaciales se irán
destruyendo por el desgaste y la
escasez de provisiones
y el simple efecto de la decadencia general.
Y entonces surgirá de eso
el silencio más hermoso
jamás oído
y el sol todavía ahí, oculto
estará esperando el próximo capítulo.
Inglés
Born like this
Into this
As the chalk faces smile
As Mrs. Death laughs
As the elevators break
As political landscapes dissolve
As the supermarket bag boy holds a college degree
As the oily fish spit out their oily prey
As the sun is masked
We are
Born like this
Into this
Into these carefully mad wars
Into the sight of broken factory windows of emptiness
Into bars where people no longer speak to each other
Into fist fights that end as shootings and knifings
Born into this
Into hospitals which are so expensive that it's cheaper to die
Into lawyers who charge so much it's cheaper to plead guilty
Into a country where the jails are full and the madhouses closed
Into a place where the masses elevate fools into rich heroes
Born into this
Walking and living through this
Dying because of this
Muted because of this
Castrated
Debauched
Disinherited
Because of this
Fooled by this
Used by this
Pissed on by this
Made crazy and sick by this
Made violent
Made inhuman
By this
The heart is blackened
The fingers reach for the throat
The gun
The knife
The bomb
The fingers reach toward an unresponsive god
The fingers reach for the bottle
The pill
The powder
We are born into this sorrowful deadliness
We are born into a government 60 years in debt
That soon will be unable to even pay the interest on that debt
And the banks will burn
Money will be useless
There will be open and unpunished murder in the streets
It will be guns and roving mobs
Land will be useless
Food will become a diminishing return
Nuclear power will be taken over by the many
Explosions will continually shake the earth
Radiated robot men will stalk each other
The rich and the chosen will watch from space platforms
Dante's Inferno will be made to look like a children's playground
The sun will not be seen and it will always be night
Trees will die
All vegetation will die
Radiated men will eat the flesh of radiated men
The sea will be poisoned
The lakes and rivers will vanish
Rain will be the new gold
The rotting bodies of men and animals will stink in the dark wind
The last few survivors will be overtaken by new and hideous diseases
And the space platforms will be destroyed by attrition
The petering out of supplies
The natural effect of general decay
And there will be the most beautiful silence never heard
Born out of that.
The sun still hidden there
Awaiting the next chapter.
El luchador más jodido de la cabeza de la historia y un narrador youtuber con voz de robot moribundo con la batería a punto de agotarse. Un combo que no puede fallar. Por tener, tiene hasta referencias al juego Polybius.
Aviso: contiene escenas violentas muy desagradables. Estoy hablando de piernas fracturándose y cosas así.
Más muestras del genio de este señor (el ruso, no el youtuber):
Mitch Hedberg era un one liner. Un cómico cuyos monólogos consistían en gran parte en una retahíla vertiginosa de chistes de una sola frase o que giraban en torno a un solo concepto, inconexos entre sí. Con su porte retraído, su pelo cubriéndole media cara y sus gafas de sol ocultando sus ojos, subía al escenario, a veces borracho, a veces colocado de heroína (a veces ambas cosas), cogía el micro y comenzaba a disparar todas esas ideas absurdas que en algún momento habían pasado por su mente, que había apuntado en montones de papeles y libretas (al menos así me gusta imaginarlo a mí), saltando de un concepto a otro a la velocidad del Halcón Milenario.
Desgraciadamente, murió bastante joven, a los 37, en 2008, muy probablemente intoxicado por cocaína y heroína.
YouTube está lleno de vídeos de sus actuaciones pero no he encontrado ninguno subtitulado en español, así que lo más cerca que estoy de entender su verborrea es esta recopilación de vídeos en los que se juega con la "tipografía cinética".
Si eres norteamericano, o has vivido el suficiente tiempo en los Estados Unidos, no tendrás ningún problema para entender de qué habla. Si tienes un nivel alto de inglés, no tendrás grandes problemas tampoco. Pero si eres murciano como yo, o de alguna especie similar, quizá te vengan bien ciertas aclaraciones para pillar las referencias que suelta. Y para eso estoy yo aquí.
Boise: capital del estado de Idaho.
Downtown: zona más céntrica y comercial de una gran ciudad.
Subway: importante cadena de restaurantes especializada en bocadillos fundada en 1965. Es la franquicia con más establecimientos del mundo. En España hay unos 53.
-Club sandwich: tipo de sandwich de tres pisos, cuyos ingredientes suelen ser pavo, bacon, queso, tomate, lechuga, mayonesa, y, en ocasiones, una "salsa secreta" que depende del local. En España se suelen encontrar en locales de comida rápida, como VIPS.
"Two all beef patties, special sauce, lettuce, cheese, pickles, onions on a sesame seed bun": slogan y jingle de un anuncio del Big Mac que probablemente le fríe el seso al 50% de los americanos desde 1975.
"Prices and participation may vary": mensaje comercial habitual en EEUU que avisa de que el dueño del local de una franquicia puede cambiar hasta cierto punto los precios y el compromiso con la política oficial de la franquicia.
How long can a CD be?: "¿Cómo de largo puede llegar a ser un CD?". Se refiere al disco en el que se está grabando el monólogo para ser comercializado más tarde. Un producto habitual en el mundo del humor en EEUU.
Mr. Pibb (en el vídeo aparece como "Mr. Pib"): refresco actualmente conocido como Pibb Xtra, lanzado por Coca-cola en 1972 para competir con Dr. Pepper, una de las bebidas más famosas de los EEUU.
Wampum: collares de cuentas hechas con conchas por los nativos americanos usados como regalo, método de narración o símbolo de autoridad. Los colonos lo interpretaron como una moneda de cambio. Por supuesto, lo jodieron todo produciendo más y mejores wampums, devaluando esta "moneda".
Página de "escritura libre" de Mitch Hedberg.
No se puede negar que su letra tenía personalidad propia.
Merece que alguien cree una fuente tipográfica basada en ella.
Supimos que el mundo no sería el mismo. Unos cuantos rieron, unos cuantos lloraron, muchos estuvieron en silencio. Recordé la línea de la escritura hindú, el Bhagavad-Gita. Vishnu está tratando de persuadir al Príncipe para que haga su deber y para impresionarlo toma su forma de múltiples brazos y dice, “Ahora me he convertido en Muerte, destructor de mundos.” Supongo que todos pensamos eso, de una u otra forma.
Robert Oppenheimer hizo esta declaración refiriéndose a lo que sintió al estar presente en la primera detonación de una bomba nuclear, el 16 de Julio de 1945, en la Prueba Trinity, en Nuevo México. Oppenheimer fue un físico con un papel fundamental en el Proyecto Manhattan para desarrollar las primeras armas nucleares de la historia, y es considerado uno de los padres de la bomba atómica. Estas palabras expresan su súbita toma de consciencia de lo que había hecho y lo que implicaba. De las consecuencias de sus actos. A partir de aquel preciso momento, la historia del mundo iba a cambiar para siempre. Si os fijáis, todavía puede verse en su mirada el gran peso que carga desde entonces.
Este texto se meta-cita también en cierta escena de la película Ex Machina, en un diálogo entre los dos protagonistas implicados en las pruebas para encontrar la primera inteligencia artificial auténtica. Por el momento todo está en calma, pero son conscientes de lo que está por venir como consecuencia de sus actos.