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31/05/2016

The Midgetz: la banda de gangsters enanos que nunca existió

Para redactar este artículo me encuentro con un problema lingüístico. Es el siguiente: ¿cómo prefieren que les llamen esas personas a las que coloquialmente, cuando no hay ninguno cerca, llamamos "enanos"? ¿Acondroplásicos? Encuentro un poco feo referirse a un colectivo o una persona por su anomalía o enfermedad, sobre todo con semejante nombre. ¿Pequeños? ¿Gente pequeña? He oído a algunos de ellos usar estos términos pero me parecen poco explícitos e incluso condescendientes, quizá sólo corrientes en latinoamérica.

Tengo un problema lingüístico porque este artículo, sí, lo voy a decir, aunque sea entrecomillado, va de "enanos". Y no me gustaría ofender a ningún lector, menos aun cuando yo mismo he sufrido en mi vida problemas con el tema de la estatura.

The Midgetz son una de esas creaciones artísticas accidentales que suceden cuando un artista va por ahí explorando a ver qué pasa, qué se encuentra. El fotógrafo Jason Jaworski iba deambulando por los bajos fondos de Manila y acabó teniendo como compañía a un grupo de individuos con enanismo. Al enterarse de que venía de Los Ángeles y al ver su equipo acabaron convencidos de que Jaworski era un director de Hollywood y quisieron montarle un buen espectáculo. Ensamblaron para él una banda ficticia de gangsters (gangsters enanos, toma nota, Hollywood, te lo ruego) y se dedicaron a rondar con él pegando tiros, incendiando coches y posando para su cámara como matones o incluso travestidos.

Estas fotos forman parte del proyecto "Labyrinth", publicado en forma de libro/fanzine y de juego de postales. Si deseáis comprarlos lo tendréis difícil porque parece que está agotado en todas las editoriales.








Fuentes: 

26/02/2016

Link dump 26/2/16

"Bung-Eye Notorious", 2008, retrato de Jono Rotman
Voy a hacer un nuevo experimento. Al calendario semanal habitual de publicaciones (que no cumplo, por supuesto) voy a añadir algo especial para los viernes: un volcado de links. Material interesante, que encaja con la temática de Atomic Buddha, pero que no creo que pueda o vaya aprovechar finalmente para realizar un artículo en sí. Sería una lástima que todo ese material que pasa por mis manos se desperdiciara, ¿no es así?

¿Y por qué "link dump"? ¿Por qué en inglés? Porque mola más así, ¿vale? Y punto.

Por cierto, acepto encantado sugerencias de temas y materiales que creáis que debería tratar en este blog. Podéis comunicármelos, y quizá incluso pasarme algún enlace, a través de los comentarios o mi cuenta de Twitter.

Disfruten de la morralla.

-In the valley of pornomancers - Actores porno y ocultismo.
-Richard Coldriss, mi autor de micro-escritura favorito en estos momentos en Medium. Suele categorizar sus relatos como "quick fiction" o "flash fiction".

28/12/2013

Bumfights, un vídeo prohibido

Advertencia: esto es el análisis de un producto audiovisual infame. Conforme lo vayas leyendo quizá vayas perdiendo cualquier respeto que puedas tenerme sólo con pensar que lo he visto de cabo a rabo, y que dedico mi tiempo y energías a analizarlo. Pero no puedo evitarlo. El tema me obsesiona y fascina, como me fascina lo marginal y lo criminal, como nos fascinan las historias sobre la mafia y asesinos en serie.

Procuraré no entrar demasiado en juicios de valor (aunque se me escape alguna que otra opinión) y limitarme a exponer los hechos. Por favor, no me odiéis por no condenar rotundamente Bumfights.


Cuando habla, Ryen McPherson tiene una medio sonrisa, una smirk, como si encontrara gracioso todo el asunto. Como si se hubiera salido con la suya.

La idea surgió en 1999, cuenta. Estaban en Naked City, un barrio bajo de Las Vegas, y vieron a dos sin-techo peleándose. Alrededor se había congregado cierto público y parecían estar pasándolo bien con el espectáculo. Aquello era material del que se podía sacar algo.

En 2002 Ryen y sus amigos, Zachary Bubeck, Daniel J. Tanner, y Michael Slyman, rondando los 15 años de edad, agotaron el crédito de sus tarjetas e invirtieron 50.000 dólares y tres años de su tiempo para crear "Bumfights: a cause for concern", bajo su propia productora: Indecline Films. Distribuyeron el DVD exclusivamente por internet, a través de su sitio web. Su esperanza era doblar lo invertido.

En tres semanas vendieron más de 300.000 copias, una media de un vídeo cada cuatro minutos, y ya eran millonarios.

Hoy en día los vídeos de Bumfights (hubo hasta tres secuelas, a manos de otros individuos que compraron los derechos) están prohibidos en países como Reino Unido, Canadá y Nueva Zelanda, y sólo se pueden adquirir por internet o de contrabando.

Pero, ¿qué se veía en ese metraje de 56 minutos que alimentó el morbo de miles de personas de todo el mundo (la mayoría, probablemente, universitarios de la hermandad pi-beta-kappa fumando hierba en pipas de agua en sus sofás), que hizo escandalizarse a agrupaciones defensoras de derechos humanos, llegó hasta los noticiarios de medios como la CNN y la Fox y abrió un debate sobre los límites de la industria del entretenimiento audiovisual?

Remontémonos a Jackass. Individuos jóvenes realizando stunts ("acrobacias" que sólo debería hacer un especialista) con resultados dolorosos y dañinos para la integridad física. Steve O colocándose una medusa en la cabeza y luego aliviando la picadura con su propia orina. Bam Margera gastando bromas a sus padres que en cualquier otro caso habrían hecho que le expulsaran de casa y le desheredaran. Johnny Knoxville con un montón de niños haciendo cola para darle una patada en los huevos, protegidos, eso sí, por un suspensorio. Bromas extremas. Golpes. Todo grabado con muy pocos medios, sin trucos. Real, de cerca.

Rascando un poco más, podemos incluso encontrar el origen de Jackass en los vídeos de skateboarding, rodados con cámaras no muy caras y objetivos de ojo de pez, a nivel de la calle, aderezadas en ocasiones con encuentros con variopintos personajes callejeros y con los inevitables y dolorosos golpes y caídas que son el precio a pagar por la grabación de un truco exitoso sobre la tabla.

Había que llevar el límite un poco más allá. De hecho, McPherson y sus amigos lo llevaron un poco más allá tan sutilmente, tan en la penumbra entre el entretenimiento y el delito, que hasta varios años después no se decidió someterles a juicio.

Había que llevar el límite un poco más allá y sacar pasta con ello.

Básicamente, el contenido de Bumfights se puede clasificar dentro de dos grandes categorías:

-Putadas a sin techo ("bums").
-Gente (en su mayoría adolescentes) zurrándose la badana ("fights").


Ser un adolescente blanco americano de clase media es muy duro. 
Por algún sitio tiene que escapar esa frustración.

La receta la completan contenidos inclasificables de todo tipo: pintadas, perros cojos, animales muertos, camionetas atropellando letrinas, un tipo disfrazado de Pedro Picapiedra remolcando un becerro muerto al grito de "Yabba Dabba Doo!" o una señorita de buen ver en bikini sobándose toda.



Señorita de buen ver. Que no falte de ná.


Igual que los skaters salían a cabalgar la calle y con sus cámaras mostraban rincones y personajes que nunca verá un burgués a salvo en su apartamento y en su barrio decente, con su vida bien a salvo dentro de los límites habituales, McPherson (director del proyecto) y sus compinches salieron a mostrar el lado más decadente de las calles de Estados Unidos, algo que algunos incluso consideraron una bendición, un sopapo en toda la cara de la conciencia social. Uno de los últimos planos del vídeo recorre la acera de una calle cualquiera, donde duermen, sobre cartones, bajo mantas, al aire libre, decenas y decenas de personas. No hablamos de un vagabundo durmiendo en un cajero. Hablamos de decenas de personas ocupando todo lo largo de una calle.

Hace unas semanas salí a pasear por la noche y me encontré con un amigo y su acompañante. Entre otras cosas hablamos de cómo, según mi opinión, la programación de las cadenas de televisión españolas había mejorado desde la irrupción en el panorama del Canal Cuatro y todo un nuevo género de realities documentales. Se me ocurrió mencionar el programa "Callejeros".

"Cuidao", intervino el acompañante de mi amigo, "Callejeros lo que te muestra es el lumpen".

Lumpen: del alemán "andrajoso", el estrato social más bajo, compuesto por individuos sin clase ni conciencia de clase que forman parte de la sociedad pero que no aportan nada a la misma, y se dedican a actividades al margen de lo legal.

"Si el equipo de Callejeros te encuentra de fiesta y te tiene que pagar el pollo de cristal para que te lo metas delante suya, te lo pagan".

He ahí el problema de Bumfights. Hasta la aparición del elemento dinero, Bumfights es un Jackass+callejeros+grabación de móvil de peleas de instituto. "A cause for concern", "Un motivo de preocupación", lo subtitularon en una hábil maniobra, dándole una cínica pátina de denuncia social. Muestran una realidad dura pero una parte del metraje está distorsionado por la intercesión del dinero. No se habrían metido en problemas si no hubieran decidido pagar (con dinero o alcohol) a vagabundos por hacer algunas de las stunts


Momento en que los productores ofrecen por primera vez dinero a Rufus a cambio de cometer burradas

Cagar en un papel en medio de la acera. Arrojarse desde una ventana a un seto. Arrojarse desde cierta altura a un contenedor de basura. Estrellarse de cabeza contra un cartel. Tirarse escaleras abajo sobre un carrito de la compra. Tatuarse la palabra "Bumfights" en la frente. Uno se extraña cuando ve a Rufus Hannah y Donnie Brenan (las principales estrellas del vídeo) absolutamente motivados y entusiasmados con sus roles, pero según declaraciones, los productores se dedicaban a emborracharles hasta que estaban dispuestos a hacer cualquier burrada por unos cuantos dólares, más alcohol, o una noche de hotel.

Pero la alienación de los vagabundos no acaba ahí. La sección probablemente más penosa de ver es la llamada "Bumhunter" donde un emulador de Steve Irwin caza vagabundos en lugar de cocodrilos. Uno pierde la fe en la humanidad cuando ve cómo alguien intenta hacer humor a costa de personas que no tienen nada, que se despiertan en mitad de la noche, en su saco de dormir, en un descampado, viendo cómo unos desconocidos con cámaras le amordazan y le atan de pies y manos para marcarle con un rotulador y hacer comentarios sobre el fabuloso espécimen que acaban de cazar y al que se disponen a devolver a su hábitat.



Un producto audiovisual con tanto éxito, que cientos de miles de personas habían comprado y visto, con semejante contenido, no podía pasar inadvertido. Desató lo que Leslie Wilkins, en su libro "Desviación social: Política social, acción e investigación", denomina (aquí me estoy arriesgando un poco con la traducción) "espiral de magnificación de la desviación". Es un fenómeno que una vez definido resulta familiar: los medios de comunicación se hacen eco de un acto criminal o considerado como aberración por la sociedad. El interés despertado hace que se informen de más casos que de otro modo hubieran sido ignorados, pero que se presentan como la confirmación de un patrón. Casos puntuales se convierten en un problema común. El público exige ser alimentado con más noticias sobre el problema, y esta exposición en los medios puede acabar idealizándolo o mostrándolo como común, lo cual desemboca en casos de imitación. Los políticos aseguran que tomarán medidas y aprobarán nuevas leyes para luchar contra el problema, y así la espiral va creciendo y creciendo hacia un "pánico moral inducido por los medios", como lo denomina el sociólogo Stanley Cohen.

La "desviación" fueron los 311 Boyz. Es decir, Bumfights fue un producto horrible, pero los 311 Boyz fueron el caso más flagrante de imitadores. Grupo de adolescentes blancos de clase media-alta de Las Vegas, etiquetados en un principio como "banda juvenil", salían en busca de pelea o las provocaban entre individuos con la intención de grabarlas en vídeo y hacer negocio con ello. Saltaron a los titulares cuando persiguieron a un grupo de chicos que escapaban en furgoneta de un altercado con ellos en una fiesta. Entre otras lesiones causadas, una piedra dejó ciego de un ojo a uno de los asaltados. Los medios aprovecharon para cebarse en el mito del adolescente violento y en la idea del surgimiento de bandas de jóvenes que deambulaban atacando a lugareños. Los 311 Boyz no fueron el único caso. En los medios comenzaron a surgir noticias sobre todo de jóvenes que agredían a gente sin hogar, admitiendo algunos de ellos haberse inspirado en BumfightsTampoco faltaron los que se sumaron a este nuevo género audiovisual viendo las posibles ganancias. Comenzaron a aparecer imitadores de la serie con títulos que contenían las palabras "bum" o "fights".

Aspectos como estos se tratan en el documental Bumfights - A video too far. En él se da una oportunidad a McPherson para defenderse, el cual mantiene que cuando los vagabundos protagonistas hacían cosas por dinero, se trataba de un intercambio consentido entre adultos, y que a veces incluso se les ve entusiasmados por su participación (difícil no estar entusiasmado cuando te han puesto hasta arriba de cerveza y te han tirado colina abajo con un monopatín).
Rufus diciendo a cámara "I love it!" después de que lo tiren terraplén abajo,
ebrio de adrenalina y de otras cosas

En la entrevista When bums stop fighting, McPherson se queja de que la gente juzga el vídeo sin haberlo visto. Declara: "Si lo has visto te darás cuenta de que la mayor parte de la violencia tiene lugar entre adolescentes y no entre vagabundos. Este es el hecho que he intentado mantener  desde el primer día a través de este mundo de "juzgue a un libro por su portada". Hay quizá tres incidentes en los que personas sin hogar se ven implicadas en violencia y esos incidentes son tan espontáneos e inesperados como las peleas de instituto. El metraje sobre vagabundos consiste principalmente en Rufus the Stunt Bum y Bling Bling the Crackhead, entre otros personajes únicos, simplemente haciendo lo que suelen hacer".


Bling Bling después de fumar crack para la cámara


"Lo que suelen hacer" por lo visto incluye estrellarse de cabeza contra un container, prenderse fuego al pelo o beber de una botella donde previamente ciertos jóvenes "cineastas" han meado.

Algunos amigos de afectados por el rodaje consiguieron animarles a presentar una demanda. El equipo finalmente fue llevado a juicio acusado de conspiración para promover peleas con incentivo económico. Fueron sentenciados con servicios a la comunidad, a los que no asistieron, por lo cual acabaron pasando seis meses en la cárcel.

Menos peliagudo legalmente hablando fue el siguiente vídeo que produjo el equipo Indecline: Indecline Vol 1 - It's worse than you think (tan poco peliagudo que YouTube se permite albergarlo. Intenta subir un extracto de Bumfights, a ver lo que dura). Sin embargo sigue siendo un visionado espeluznante, un viaje por lo más bajo de la sociedad americana, centrado en gente de la calle con problemas físicos y mentales, graffiti y una vez más, peleas a puño desnudo.

McPherson está ahora centrado en realizar trabajos audiovisuales, como videoclips. En su web puede comprobarse que perdura su interés por lo grotesco y decadente, lo incómodo de mirar. Me pregunto cómo será su vida. Me lo imagino intentando conseguir trabajo sin ser conocido como "el tío que hizo Bumfights", sabiendo que cambió el mundo, haciéndolo un poco peor.

19/02/2011

The Wire y Shakespeare

Todo empieza con esta viñeta:

... de este cómic de Frank Chimero sobre cómo ser creativo consiste principalmente en combinar ideas muy distantes entre sí.

¿The Wire es el resultado de mezclar Policías de Nueva York con Shakespeare?

Me he visto esta serie entera y nunca me había planteado semejante relación. Por la manera en que lo afirma Chimero en su cómic, parece que ya es una especie de idea común que se da por sentada. Investigando un poco por Internet me di cuenta de que, efectivamente, es un tema que otros ya han tratado, girando sus reflexiones en torno a dos puntos principales: la tragedia griega y el lenguaje.

En la tragedia griega (tanto en la literatura como en la vida real, según ellos) los dioses te han impuesto un destino y más te vale aceptarlo. Todos somos piezas en el gran tablero de juego de los dioses, siendo movidos de un lado a otro, y si te empeñas en moverte para donde no es, te llevas una colleja gigante. Los dioses ya han tomado una decisión para cada uno, sobre todo para los héroes de las historias, cuyas acciones van a tener repercusiones a gran escala en el juego y van a resonar durante siglos en las historias. Cuando el héroe se empeña en resistirse a su destino los dioses le castigan y es entonces cuando se produce la tragedia propiamente dicha. Es decir: todo acaba fatal.

Un ejemplo claro es el de Edipo. A Layo, el rey de Tebas, el Oráculo de Delfos le profetizó que (ALERTA SPOILER) su propio hijo le mataría y se casaría con su esposa. Decidió luchar contra su destino y envió a un súbdito a matar a su hijo al bosque. Como suele pasar, el súbdito se apiadó y decidió, en lugar de matarlo, hacer algo sencillo, como perforarle los pies y colgarle de un árbol, que no era matarlo ni todo lo contrario. Con el tiempo Edipo fue encontrado, adoptado y visitó también al Oráculo de Delfos. La parte de "matarás a tu padre y desposarás a tu madre" entendió que se refería a sus padres adoptivos, así que él también, creyéndose muy listo, intentó burlar al destino marchándose. Por el camino, entre otras cosas, mató a su verdadero padre, sin saberlo, por una disputa por ver quién tenía preferencia en un cruce de caminos y acertó un par de adivinanzas de la Esfinge que, a pesar de que eran muy fáciles y sabía volar, decidió que aquello era intolerable y se iba a matar tirándose al vacío. Esta hazaña hizo que nombraran a Edipo rey de Tebas, que acabó casándose con su madre Yocasta y teniendo hijos con ella. Como todo el mundo iba por ahí empeñándose en resistirse a su destino y el asesino del rey Layo seguía impune, los dioses castigaron a la ciudad con una plaga.

Cuando al final todo se supo, Yocasta se ahorcó y Edipo se sacó los ojos y pidió que se le expulsara.

Este sentido de la tragedia se conservó en la obra de Shakespeare, ligeramente revisado y actualizado (actualizado para el siglo XVI, claro).Sus historias están sembradas de personajes que, en las sombras, conspiran unos contra otros y luchan entre sí por la consecución del poder u otros objetivos. Si has visto The Wire, estos conceptos te sonárán familiares.

Romeo y Julieta pertenecen a mundos contrarios que se resisten a que estén juntos. Cuando conspiran para resistirse a esos designios, como todos sabemos, todo el mundo acaba muerto y terriblemente arrepentido. MacBeth recibe una profecía de las icónicas tres brujas: será barón de Cawdor. Pero a su amigo Banquo le profetizan que sus descendientes serán reyes, y eso no puede ser. MacBeth ambiciona más de lo que le ha deparado el destino, y aquí se introduce otro concepto básico de la tragedia y la cultura griega, palabra no muy conocida por el público general: la Hybris. Tras varios crímenes despiadados, acaba dándose cuenta del sentido de las misteriosas profecías y de que finalmente se han cumplido de un modo dolorosamente irónico.

En The Wire los dioses implacables que hacen sus jugadas desde lo alto son las autoridades. Los dioses son el sistema. El sistema policial, el sistema educativo, el sistema político y el judicial. Un sistema demasiado grande que a veces aplasta a los ciudadanos como hormigas cada vez que se mueve. Los dioses son los jefazos de arriba que dan órdenes a veces guiadas por caprichos (la rivalidad entre el comandante Valchek y Frank Sobotka), el sistema político de favores, simpatías y apoyos que obliga al alcalde Tommy Carcetti a alejarse cada vez más de sus buenas intenciones iniciales y a tragarse sus famosos "tazones de mierda", las estadísticas que obligan a los profesores a forzar los exámenes para cumplir el cupo de aprobados y a los policías a tomar decisiones según su cupo mínimo de casos por resolver.

McNulty, el protagonista principal, está destinado a liarla gordísima como jamás se ha liado en la policía de Baltimore y a ser castigado por ello. Marlo está destinado a llevar la corona. El Griego está destinado a escaparse de todo, porque es viejo, sabio y prudente en extremo. Avon Barksdale y Stringer Bell, principales señores de la droga al principio de la historia, que juntos han crecido desde el barrio y juntos se han convertido en lo que son, están destinados a enfrentarse, pues tienen ambiciones distintas. Omar y el Hermano Mozone, los dos asesinos más implacables y carismáticos de la serie, están destinados a encontrarse y colisionar en una escena memorable.

Los pobres están destinados a ser pobres, los asesinos a tener una muerte violenta, los políticos ilusos a darse de morros contra una pared de realidad, los policías audaces a recibir una bala...

Pero entonces, si todos están condenados a cumplir su destino, su papel, ¿qué pasa con Bubbles, el yonqui que decide rehabilitarse? Pasa que el destino está en los ojos del espectador. Pasa que nuestro inconsciente, con apenas unos datos y en unos segundos, ya sabe lo que va a pasar. Lo que queremos que pase. Por entretenimiento, porque es justo o porque es inevitable.

En cuanto al lenguaje, es un elemento que da tridimensionalidad a los personajes y al mundo de la historia. Si quieres que tu obra sea creíble y rica, dales a tus personajes costumbres, tics, objetivos, palabras propias. Si quieres que el espectador sepa dónde está, sumérgelo en un lenguaje, que se rodee de él, que sepa dónde está y de dónde viene cada uno. El mundo hace al lenguaje y el lenguaje hace al mundo.

Se dice que Tolkien primero creó los lenguajes y luego desarrolló las civilizaciones que hablaba cada uno de ellos: los hobbits, los humanos, los orcos, los enanos... Era un filólogo y sabía lo que se hacía. Sabía que el lenguaje era el auténtico color de las razas, el sabor de su comida y los nombres de sus hogares.

Se dice también que The Wire es una serie cuyos diálogos a veces hasta a los espectadores angloparlantes les costaba entender. Gran parte del reparto son jóvenes negros de los barrios más pobres, con su acento deformado, la musicalidad del rap y el vocabulario del gángster y el mundo de la droga. De hecho la propia policía de Baltimore tiene que ayudarse en sus operaciones de escucha (pues básicamente es una serie policiaca sobre escuchas) de una señora que va traduciendo las conversaciones telefónicas entre los sicarios, que además, suelen estar en clave precisamente para combatir la posibilidad de las escuchas.

El equipo español de traducción y doblaje de esta serie ha realizado ha hecho todo lo que ha podido para que entendamos lo que está pasando, pero por el camino se pierde gran parte de la riqueza cultural, los matices en el acento y el vocabulario de los personajes, la diferencia entre el hablar de un negro culto político y un niño negro que pasa droga en una esquina, los diálogos y sentencias que a veces extraen de la lengua inglesa tanta poesía como lo hizo Shakespeare.

Lo recomendable es verlo en versión original subitulada, pero sólo si los subtítulos los han realizado profesionales para, digamos, un DVD, porque si lo han realizado aficionados por internet, por muy buenas intenciones que tengan, la pérdida va a ser quizá mayor y, si eres español, sufrirás espasmos ante una sobredosis de "maldito" y "chingado", en lugar de "fuck". Opción más deseable pero no al alcance de todos: verla en versión original subtitulada en inglés.

Buscando ecos de esta relación entre The Wire y Shakespeare, he leído unos cuantos artículos muy interesantes.

En Inky Fool, M.H. Forsyth señala la presencia de varias citas de obras de Shakespeare ("Brave new world for y'all", "And here's the rub"...) que no parecían constar en el guión original, lo cual apunta a una decisión propia del actor en cuestión de lo que en el mundillo dramático se llama "meter una morcilla", creo.

Sergio del Molino habló precisamente del Fatum, el destino en la tragedia griega, Robert Paterson habla de los héroes, el "sistema", y lo alto que ha puesto esta serie el listón y en el blog Lo que mis gafas ven hablan en general de The Wire y Shakespeare. Una gran fuente de información, ideas y disfrute fue la recopilación especial de artículos en Miradas de cine, donde analizan temas como la figura del gángster y su evolución (lo que sería el enfrentamiento entre el veterano Avon Barksdale y el joven y ambicioso Marlo) y el slang. Respecto a esto último, Mónica Jordan habla, entre otras cosas, sobre el "bawlmer" el dialecto de Baltimore usado principalmente por la gente caucásica y los policías en la serie, su predominancia de vocales abiertas, los distintos dialectos usados por los personajes dependiendo de su origen social y de su otro interlocutor, o el dialecto callejero, incluyendo el vocablo "yo", que sirve prácticamente para todo: apelativo, (Yo, pay attention!), pronombre (Look at yo...), etc.


Por último, un par de videos (en inglés) con extractos de la serie. Un par con una selección de las mejores frases y otro con los momentos en que los personajes pronuncian esas frases que sirven de cabecera y resumen a cada capítulo. ¡Cuidado con los spoilers!



19/02/2007

Crips y Bloods

Los crips son una de las bandas afroamericanas más extendidas y poderosas de Estados Unidos.

Todo comenzó con Raymond Washington, un estudiante de 15 años de Los Ángeles. En 1969 sus idolatrados Panteras Negras, activistas radicales por los intereses de las minorías negras, habían desaparecido, y Raymond quería crear algo que continuase su visión revolucionaria y devolviera a los guetos una forma de autodefensa ante la amenaza de los grupos de supremacía blanca.

En un principio el grupo semi-político que creó con sus amigos, entre los que se incluía Stanley Tookie Williams, se llamó Baby Avenues. Pronto estas bandas fueron apareciendo en otros barrios o "cribs" (cunas), por lo que más tarde el nombre evolucionó a Avenue Cribs. Se dice que el periódico Los Angeles Sentinel los mencionó como "crips" por las víctimas tullidas (crippled) que dejaban en sus asaltos con palos y bastones, aunque cabe la posibilidad de que se debiera a una transcripción errónea de "cribs". También se barajan acrónimos como "Cultural/california Revolution/Restoration In Progress", "Community Resources for an Independent People", "California Rebels In Power", etc.

Fracasando sus iniciales intenciones revolucionarias, debido a la falta de consenso y liderazgo, pasaron a centrarse en la autodefensa de los barrios. Sus actividades se daban principalmente en zonas cercanas a los institutos y universidades, criando una fama de violencia y extorsión.

Raymond acabó en prisión, y cuando salió de ella las cosas habían cambiado: los crips ahora llevaban armas y labraban su fortuna vendiendo crack. Además se habían disgregado en varias crips independientes, aunque sus Baby Crips originales permanecían dominando el centro de L.A. Antes de que Raymond consiguiera reunificar las bandas, fue asesinado en la guerra por el poder.

Los crips habían entrado en guerra entre ellos. Fue entonces cuando los Piru Street Crips llamaron a reunión a varias bandas acosadas por los crips principales. De aquella alianza surgieron los Bloods, desde entonces enemigos mortales de los Crips. Comenzó entonces la famosa guerra de colores por el control del South Central. Mientras el color sagrado de los crips es el azul, los blood se distinguen por el rojo.

La guerra experimentó un respiro en 1991 cuando Tookie Williams sentó a la mesa a los crips y los bloods para llegar a una tregua. Las palabras de Tookie y el famoso caso de abuso policial a Rodney King les hicieron finalmente firmar la paz.

Aparte del color azul los crip tienen otras señas de identidad cultural. Cuando escriben intentan evitar por todos los medios usar la letra B (de Bloods, sus enemigos) o sustituirla por una C, y si no hay más remedio, la simbolizan tachada como humillación. Suelen vestir ropa de la marca British Knights, a cuyas iniciales, BK, ellos han dado el significado de "Blood Killer", "mata bloods", mientras que para los bloods la marca Calvin Klein encripta "Crip Killer". Ambas bandas cuentan con un repertorio de signos (flashing) para expresar los conceptos más significativos entre ellos: crip, blood, crip killer, Piru, etc. Sus graffitis no sólo marcan sus territorios sino que cuentan la historia de cada banda.


(click para ampliar)

Existe también algo llamado el Crip Walk, o C-Walk, que los crips insisten en aclarar que no es un baile. Consiste en deletrear con los pies el nombre del crip (entendiendo crip como miembro). En ocasiones los crips deletrean la palabra "Blood" para acto seguido tacharla. Otro acto de humillación. En su origen estos movimientos servían para que un vigilante alertara a sus compañeros de que llegaba la policía. Actualmente muchos jóvenes de cualquier ambiente aprenden a "bailar" el Crip Walk simplemente por moda, aunque en algunos centros educativos se prohíbe su exhibición por sus sabidas relaciones con la mafia. El C-Walk podría verse en el videoclip "Drop it like it´s hot" de Snoop Dogg si no hubiera sido censurado. Por cierto, este artista es un miembro de los Rollin' 20 Crips, enemistados con los 83rd Street Gangster Crips.

Pero mejor que explicar el C-Walk es verlo.