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27/02/2016

Gorro de artista: cómo hacer arte moderno

ARTE
Ethan, del canal H3H3 Productions, es capaz de hacer  vídeos de humor memético más chorra como éste, pero también se ha ganado su consideración en YouTube por sus reaction videos, más bien comentarios y ataques humorísticos a lo más pretencioso de YouTube de cada momento. Se ha visto metido en fregados como la demanda (y obligada retirada de vídeos) por parte del canal Prank Invasion por algo tan básico en Internet en los años 2010's como es usar fragmentos de otros vídeos. El problema es cuando esos fragmentos se usan para denotar que eres un sacacuartos que está ganando pasta monetizando visitas a vídeos de "bromas" totalmente preparadas en los que unos tíos suelen acabar, casualmente, morreándose de la forma más sonora y babosa posible con la tía más maciza y con los vaqueros más shorts del barrio.

H3H3 ha pasado de ser un canal de comentarios mordaces y tronchantes a ser un enemigo de la hipocresía en Internet, llamando la atención sobre casos como la reciente y genial idea de los Fine Bros, que te ofrecen entusiasmados que te unas a su "network" de reaction videos. Vamos, que básicamente te piden que pagues cada vez que uses un formato que han convertido en una franquicia: grabarte reaccionando como un ser humano mientras ves un vídeo. Todo fue desde un principio idea suya, y si no lo sabías, les debes pasta.

El último movidón protagonizado por Ethan se debe a la conclusión a la que llega en su reciente vídeo How to make modern art: las tres reglas básicas para triunfar en el mundo del arte contemporáneo (y forrarte en el proceso):
1. Haz que parezca antiguo.
2. Ponle un cristal.
3. Vende mierdas viejas que tengas por ahí.


Así pues, Ethan ha puesto su icónico y sempiterno gorro naranja, marca de la casa, en un marco de cristal, y lo ha sacado a subasta en eBay. Y, lo que pasa, pues que esto es Internet y la puja superó los 69 millones de dólares. Esa fue la primera vez. Parece que eBay puso algún tipo de pega con los términos de la subasta y la canceló. Se puso en marcha una segunda vez, y una tercera. Ethan está acostumbrado a tener que fintar estos matices legales a lo Neo en Matrix. Actualmente sigue habiendo una subasta y la puja va por los $2,000,100.


¿En qué quedará todo esto? ¿Llegará realmente el comprador final a entregar esa suma de dinero? ¿Lo cancelará todo argumentando It's a prank, bro? ¿Qué hará Ethan si recibe el dinero? Conociendo su tendencia hacia la coherencia y la crítica a la hipocresía y el esnobismo, sería de esperar que destinase parte del dinero a alguna causa benéfica. Y otra parte pa la saca, claro. Que para algo gasta uno sus buenas horas grabando y montando vídeos y no se vive del aire.

Y la crítica al mercado del arte contemporáneo, claro, también queda ahí. Si no lo entiendes, es culpa tuya por no pensar con la suficiente fuercita.

16/02/2016

Destrucción recursiva en el arte contemporáneo: jarrones chinos, grafitis y camisetas a $689

El nombre de Ai Wei Wei quizá os resulte familiar. El gobierno chino tiene a este artista en el punto de mira constantemente. Para ellos es un disidente, un rebelde, un enemigo público. Quizá también os suene alguna noticia tipo: artista llena una sala con 100 millones de pipas de girasol. Esas noticias que tanto gustan, que tan virales son, que despiertan a tantos cuñados dentro de nosotros clamando: "¡Bah, el arte moderno! ¡Eso también lo hago yo!". Bien, listo. Eran 100 millones de pipas. De porcelana. Pintadas a mano. Hazlo tú. Exacto, el arte moderno es un contínuo "podrías hacerlo tú, sí, pero no lo hiciste". Y sí, exacto, unos artesanos las pintaron para él (dos años necesitaron, ojo) pero un director de cine tampoco escribe, interpreta, produce, monta, hace los efectos especiales, edita el sonido y sirve los cafés en sus rodajes.

Una de las obras más comentadas de este señor es un trípitico de fotografías que documenta el acto único de dejar caer al suelo y hacer añicos una antigua vasija de la dinastía Han (del 206 AC al 9 DC). Un acto único porque esa misma vasija, aunque se recompusiese, jamás podrá volver a romperse de la misma forma, por los mismos sitios. Ai Wei Wei no volverá a estar en ese lugar en esos exactos segundos para hacer aquello. Tú no estabas allí y no pudiste verlo, pero tienes estas enormes fotos para contemplar una captura del momento. Una captura de una sucesión de momentos: soltar urna, caer urna, urna rota en el suelo.



"Dropping a Han Dynasty Urn", 1995

Aquí aparece, pues, si nos sentimos peleones, el primer dilema: ¿es la verdadera obra ese acto absolutamente irrepetible en el espacio-tiempo o lo son las fotografías expuestas en el museo, esas impresiones de 148 x 121 cm? Desde que Duchamp colocara un urinario firmado en un museo, la obra de arte es el acto del artista, cualquier artefacto o acto colocado, realizado, performatizado (¿existe esa palabra?) en un contexto artístico (o sea, en una galería o un museo), es una obra de arte.

"La Fuente", Marcel Duchamp, 1917
Pero Wei Wei estaba haciendo algo más que ejecutar un acto efímero. Estaba provocando. Hizo decir a montones de chinos, a montones de personas por todo el mundo: "¡Mira el hijo puta del chino! ¡Rompiendo una vasija de miles de años de antigüedad! ¡Maldito arrogante! ¡Destruyendo una preciosa obra de artesanía de valor incalculable, una joya histórica, sólo por el sake del arte moderno!". Ai Wei Wei estaba provocando. Estaba diciendo: "Mira, sí, estoy destruyendo un tesoro. Esto es el arte también, destruir. ¿Qué vas a hacer al respecto? ¿Eh?". Pero estaba también destruyendo un tesoro nacional, un símbolo histórico, un icono de la identidad china. Estaba diciendo: "Yo destruyo China. Yo me cago en China. ¿Qué pasa? Ya era hora, ¿no?". ¿Habéis visto cómo es de grande China? Es ENORME. Pues este hombre se cagó en toda ella.

Wei Wei no sólo rompió una urna antigua. Años atrás adquirió unas cuantas y una de ellas la pintó con el diseño de Coca-Cola. Superpuso el máximo símbolo del consumismo y el capitalismo occidental a un símbolo de la historia de un imperio milenario, con sus espadas y sus dragones, y más tarde sus estrellas comunistas y sus camisas de cuello Mao. Realizó una paradoja. Algo que hoy en día el público consume de forma más masiva y mascadita a través de las camisetas no oficiales de plantillas de Banksy. Que soy fan de Banksy, ojo. Pero eso. Que había gente antes que él, haciendo lo que él hacía. Como Blek Le Rat o el brasileño Cildo Meireles.
 "Inserciones en circuitos ideológicos", Cildo Meireles, 1970. Botellas de Coca-Cola con instrucciones impresas para elaborar con ellas cócteles molotov.

En 2012 llegó "Fragmentos de historia", un nuevo tríptico fotográfico, esta vez realizado por el artista Manuel Salvisberg, retratando a Uli Sigg, un coleccionista que había adquirido una de las infames "urnas Coca-cola", también dejándola caer y destruyéndola. Haciendo arte moderno mediante la destrucción de una obra de arte moderno que alguien había realizado a partir de un tesoro histórico, la misma persona que anteriormente había osado destuir uno de esos mismos tesoros para hacer arte. ¿Quién es ahora más chulo, eh, Wei Wei? ¿Quién es más moderno? ¿Y qué se siente cuando es tu obra la que se destruye? Realmente me gustaría saberlo. De todos modos, surgen más preguntas: ¿es original imitar el acto provocativo de otro artista? ¿Tiene valor? ¿A quién estás provocando, al espectador, al artista objetivo o al mercado del arte?

Así, nos perdemos en el barroco espejo del arte contemporáneo reflejado infinitamente en el espejo del arte contemporáneo y cínico.




No sólo eso. Puestos a romper jarrones chinos, en 2014 el artista Maximo Caminero entró en la exposición retrospectiva de Wei Wei "According to what?" en Miami, miró el tríptico de la destrucción de la vasija, miró las vasijas expuestas, antigüedades que el artista chino había pintado de colores de forma vulgar para convertirlas en arte moderno vulgar, su mente hizo conexiones obvias, y decidió coger una de ellas para dejarla caer y hacerla añicos en el suelo. Al guarda apenas le dio tiempo a decir: "Por favor, no lo toq...".

"Drop the vase". ¿Es el autor de este vídeo también un artista? Yo digo que sí.

En el mundo del arte urbano la cosa se vuelve aun más rocambolesca. El arte urbano pertenece a la calle, a los peatones, no a las galerías ni a las colecciones de los adinerados. Es efímero. Es destructivo y es ilegal. No nació para ser incorporado al mundo del diseño gráfico como la última tendencia hip, para ser vendido en forma de camisetas o aparecer en el último anuncio de Hyundai.

El artista urbano Kidult expone claramente su filosofía en el vídeo "No gallery, no master". Una filosofía que viene a ser, incluso aunque no sea consciente de ello, la del graffitero medio: "La noción de pertenencia a cualquier galería, mecenazgo, patrocinio, marca o institución no es y nunca será aceptable. Soy libre para destruir, para pintar y decir lo que quiera. La pobreza en libertad es mejor que la opulencia con cadenas. El grafiti no es un lujo, es una creación original de las clases bajas. Mi grafiti tiene una perspectiva ideológica, social y política. Pintaré como un niño y contaré verdades como un niño, sin concesiones".


Kidult podría estar hablando de la última etapa de la transformación espiritual nietzschiana del hombre hasta el nivel de superhombre: la etapa del niño. Tras haber sido camello que dobla sus articulaciones y se inclina obediente para ser cargado y atravesar el desierto, tras haberse convertido luego en león que se rebela contra todos los intentos de doma, normas y valores pero que se agota en la lucha, llega por fin al estado de niño: libre de normas y prejuicios, instintivo, creador, curioso y vivo.

Mientras nosotros dormimos, los artistas callejeros salen a sentirse vivos mientras esquivan las luces azules de los coches patrulla y las cámaras de seguridad, a veces incluso para lanzar mensajes que hacen reflexionar sobre el status quo.

Kidult parece sentir especial predilección por la técnica del extintor: llenar uno de estos aparatos de pintura para conseguir un super-aerosol con el que pintar trazos gigantescos en grandes superficies. En su enemistad con las galerías y marcas de alto standing (que a menudo predan del rollito arte urbano y lo monetizan) llegó a firmar a chorro las fachadas de locales de Supreme, Christian Louboutin, Céline y Marc Jacobs.

Con este último la cosa le salió un poco rana. Jacobs, lejos de hacerse la víctima, de comportarse como un viejo gruñón y lanzar un manifiesto contra la destrucción de la propiedad privada y la rebeldía sin causa, respondió rápido, como un comerciante, con la ironía propia de un street artist y vio la oportunidad, de paso de dar que hablar y hacer pasta. "Los street artist son las nuevas figuras rebeldes. Y como su trabajo es ilegal no hay que pagarles un duro en derechos", debió pensar. Fotografió la obra -la fachada pintada con la palabra ART- y la estampó en una camiseta que puso a la venta por 689$. Alguna llegó a venderse.

No tienes que pagar derechos a un street artist, pero provocas cosas como que luego vaya firmando todas tus tiendas con números como 686 y preguntando: "¿Por cuánto vas a vender esta?". Efectivamente, se hicieron más camisetas y se vendieron por 686$. And so on and so on, y la historia de esta guerra sigue, pero dejémoslo aquí.

Los hermanos Chapman, especialistas en el disgusto y la ofensa, también dieron que hablar sobre la dureza de su rostro y su familia en general cuando pusieron sus manos sobre unos grabados de los Desastres de la Guerra de Goya. Habían adquirido 80 láminas, impresiones originales en perfecto estado, salidos de las planchas originales del artista. Tesoros de la historia del arte. Los tuvieron dando vueltas por su estudio sin saber qué hacer hasta que recordaron aquel diálogo de Jack Torrance con Delbert Grady en El Resplandor. Éste último le sugiere que quizá debería hacer algo para corregir la situación con su familia. Así que los Chapman se pusieron a ello y corrigieron los grabados, uno a uno, los 80, sustituyendo las caras de las víctimas de la guerra y las atrocidades humanas por grotescos personajes cabezones de ojos gigantes y colores chillones.


Algunas láminas de la serie "Insult to injury", 2003

No fue lo mismo que  ir a un museo y apuñalar el único ejemplar original de Impresión, sol naciente de Monet, pero sigue siendo una destrucción, una violación de lo sagrado y precioso, una mancha sobre lo inmaculado y acomodado. Un chorro de lefa sobre el vestido de la señorita de alta alcurnia en el baile de presentación en sociedad. La destrucción literal de la vasija Han, irremplazable, mientras se mira al objetivo de la cámara diciendo "¿Y ahora qué? ¿Es esto arte? ¿According to what?". Una violación de las inapreciables láminas de Goya, un señor muy antiguo, por parte de unos arrogantes artistas "modernos". El chorro del extintor de Kidult salpicando sin técnica ni cuidado la impecable, pacífica y perfectamente diseñada fachada de la lujosa tienda de Louboutin.

"¿Destrucción por la pura destrucción? ¿Por qué? ¡Es tan vulgar!", dicen las clientas, mientras pagan miles de dólares a un cirujano para amputarse los meñiques de los pies y poder calzarse un codiciado zapato de tacón.

26/01/2016

El creador de Pirate Bay y el presidente de la realidad virtual


En una entrevista a Vice, Peter Sunde, uno de los creadores de Pirate Bay (uno de los rastreadores de torrents más importantes de todos los tiempos) declara que se da por rendido, que internet está jodida desde hace años, está capitalizada, vigilada, centralizada y censurada. "Internet está rota" y no podemos hacer nada por arreglarla. Pero aparte de ese derrotismo y ciertas reflexiones sobre el capitalismo, me interesa de este artículo su propuesta aceleracionista. Esto es: vamos hacia la debacle, así que cuanto antes lleguemos y se vaya todo a tomar por culo, antes podremos empezar de cero, con la lección aprendida.
Siempre ha estado rota, es sólo que nunca nos ha preocupado porque hasta ahora ha habido un puñado de buenas personas que se han asegurado de que nada malo ocurriese. Pero creo que esa es la idea equivocada. En vez de eso, dejemos que lo malo ocurra lo más pronto posible para que podamos arreglarlo y asegurarnos de que no vuelve a suceder en el futuro. Estamos prolongando un desastre total inevitable, lo cual no nos está sirviendo de ninguna ayuda.
[...] Yo no pude votar, pero esperaba que Sarah Palin ganase en las últimas elecciones de los EEUU. Espero que Donald Trump gane las elecciones de este año, por la sencilla razón de que eso joderá al país mucho más rápido que si ganase un presidente menos malo.
[...] Con suerte, la tecnología nos traerá robots que se quedarán todos los trabajos, lo que causará un enorme desempleo global, digamos un 60%. La gente será muy infeliz. Eso será genial, porque entonces por fin veremos al capitalismo derrumbarse. Habrá mucho miedo, sangre derramada y vidas perdidas para llegar a ese punto, pero creo que eso es lo único positivo que veo, que tendremos un total colapso del sistema en el futuro. Con suerte, más pronto que tarde.
Y en el otro extremo de este aceleracionismo y pesimismo está el optimista eslogan electoral de Jon Jacobs, alias Jon 'Neverdie': "Tenemos que crear la mejor realidad virtual que podamos". Tras empezar a ganar 25.000 dólares al mes cobrando impuestos por extraer minerales de un asteroide de su propiedad en el mmorpg espacial "Entropía Universe", decidió que la realidad virtual puede ser una gran fuente de trabajo y riqueza en el futuro. No sólo eso, sino que presenta a su personaje Jon Neverdie como candidato a presidente de la realidad virtual. ¿Alguien sabe quién ha convocado esas elecciones? ¿Cómo se vota? ¿Qué funciones tendrá el supuesto presidente?


En realidad este señor Nuncamuere no está proponiendo nada nuevo. Desde hace años se maneja el término chinofarmer: jugadores chinos, coreanos o de otros países del tercer mundo que juegan sin parar en condiciones de obsesión y esclavitud, a veces durmiendo y comiendo en los propios cybers que les sirven de cuartel general, para conseguir equipos, materiales, personajes y demás propiedades que puedan vender más tarde de forma online a jugadores del primer mundo con dinero real suficiente para permitirse el capricho de comprarse un cuchillo con un mejor aspecto o un arma más infrecuente en el Counter Strike.

¿Es este el modelo que propone este futuro presidente para generar empleo y capital por todo el planeta? ¿Hacemos una internet más justa y nos aprovechamos de sus posibilidades económicas o echamos más madera a la locomotora para llegar lo más rápido posible hacia el cataclismo capitalista?