29 de abril de 2008

Camwhores

¿Quién quiere ver ya porno normal? Tetas enormes operadas, zapatos de tacón y plataformas, melenas largas oxigenadas, medias de red negras, ropas de colegiala. Es cierto, no vamos a negar que todo eso cumple su objetivo (excitar) para servir al objetivo mayor de la pornografía (masturbarse y llegar al orgasmo). Pero lo triste es que la triste realidad es que sólo cumple ese objetivo aproximadamente los primeros 10 años de consumo.

El geek, el usuario máximo de internet, ese ser que dedica más de una cuarta parte de sus horas de vigilia a sentarse ante el ordenador y alimentar su síndrome del colon irritable, ya lo ha visto todo. Tetas, gorditas, pelirrojas, lésbico, asiáticas, negras, facial, anal, amateur... Al cabo del tiempo se insensibiliza. Necesita material cada vez más fuerte para que se le levante. Pasa así al territorio de lo bizarro. Descubre sus primeros fetichismos, tontea con la dominación, el bondage y el sadomaso. Ahí comienza a asociar violencia con sexo. Más tarde ya no se trata sólo de azotes o sexo oral bruto, necesita ver agresiones que rocen la frontera de lo auténtico: chicas atragantándose, heridas sangrantes, lágrimas, bofetadas.

¿Y qué viene después, cuando esta etapa llega de nuevo a la fase de la insensibilización?

Después nada. Después el vacío. El internauta en su cuarto, con el pestillo echado, la luz artificial de la pantalla bañando su rostro, los pantalones bajados, el kleenex desplegado sobre la mesa, la mano rodeando el miembro fláccido, descubriendo que aquello, lo más bruto, tampoco le puede consolar ya.

¿Y después?

Después llegan las camwhores.

Del inglés: cam, abreviatura de "camera", cámara; whore: puta. Putas de las cámaras. Término en realidad inapropiado si se le toma por el lado de las prostitutas, ya que aquellas que solemos llamar camwhores no ven jamás un duro.

¿Por qué hay material de camwhores fluyendo por Internet? Por devoción y por traición.

Por devoción se fotografían y se graban para un público, ya sea individual o colectivo. Por devoción regalan el espectáculo de su belleza a la audiencia de foros, o al contacto nocturno de messenger que se muestra lo suficientemente seductor, respetuoso y confiado en sí mismo como para resultar un ejemplar macho interesante. Graban sus sesiones masturbatorias o sus contoneos a ritmo de gangsta rap con el pestillo echado y cuando no hay nadie en casa, o todos están durmiendo. Se fotografían en contrapicados puramente fotologeros. Sonríen a cámara, hacen como que no, ponen mohines, tuercen el morro y miran de medio lado. Nos dejan ver sus enormes y preciosos ojos. Son putas de las que lo disfrutan. Disfrutan siendo el centro de atención, recibiendo halagos o sabiendo que la persona al otro lado se excita y enamora a partes iguales y apenas distinguibles.

¿Pero qué sucede cuando la relación con el macho interesante se acaba por el motivo que sea? Si alguna vez decidís (aunque no es algo que se decida) ser camwhores, hacedme caso: sedlo directamente para una audiencia global, sin tapujos, tened el control desde el principio. Cuando el macho deja de ser seductor, confiado en si mismo y, sobre todo, resputuoso, no le supone ni un cosquilleo en la conciencia el lanzar a los cuatro vientos todo el material que guardó en su disco duro a lo largo de tantas noches, fotos y videos que fueron sólo tomadas para sus ojos.

- Esto no lo vayas a enseñar a nadie, ¿eh? Te mato. Qué vergüenza.
- No, no, claro...

Cuando el contacto cesa, el compromiso desaparece. Todo se difunde y, si eres bella, encantadora e imaginativa, acabas siendo el sueño de media internet.

El ciberadicto, ese ser socialmente minusválido, ya lo ha visto todo, ha cubierto suficientemente su demanda de semen, gritos, carne y palabras sucias. Pero hay una carencia que aun no ha cubierto: la sentimental. Las camwhores son chicas de las que te podrías enamorar. No puedes enamorarte de Jeena Jameson sobre plataformas y pidiendo más a gritos con su, qué casualidad, larga melena rubia, mientras le penetran dos hombres por sendos extremos. Las camwhores son chicas que podrías ver por la calle. Son las chicas de tu clase, de la escuela de ate, la novia gótica de tu primo, o la que se sienta delante tuya en la biblioteca.

Siempre tienes tu, o tus, favoritas. Una te recuerda a tu madre, otra a tu hermana, otra a aquella novia con la que la cosa no acabó de llegar a nada un verano, pero a la que aun no has conseguido olvidar.

A una camwhore no te la quieres follar bestialmente y en todas las posiciones. A una camwhore la quieres abrazar, quieres dormir con ella, quieres darle pellizcos en el culo, comprarle tangas con dibujos graciosos, e incluso algún día llegar a enseñarle el porno escondido en tu disco duro, en una carpeta con nombre extraño y a la vez insignificante. Sus ojos, tras las gafas que sólo se pone para leer de cerca, recorrerán la pantalla, te mirará y te sonreirá con vehemencia. Por fin.

26 de abril de 2008

Síntomas de ciberadicción

Edición: dado que este es uno de mis artículos más visitados, me veo en la obligación de aclarar que es sólo una lista de criterios personales, no están basados en ningún estudio ni artículo profesional, sino en mi experiencia con el uso del ordenador, internet y videojuegos.

· Por la noche sueñas con aquello a lo que estás enganchado.
· Te levantas por la mañana con grandes ideas para llevar a cabo en el ordenador.
· Lo primero que haces por la mañana después de levantarte es pulsar el botón de "Power".
· Lo primero que haces cuando vuelves a casa es poner el ordenador.
· Pasas 4 horas o más delante del ordenador.
· Siempre encuentras una buena excusa para conectarte, siempre hay alguna tarea que puedes hacer.
· Cuando te reúnes con otra gente sólo se te ocurren conversaciones sobre tu adicción.
· Contínuamente le hablas a los demás e intentas convencerles de lo divertida e impresionante que es tu adicción.
· Te acuestas a las 4 de la mañana ante el ordenador.
· Llegas tarde a las citas.
· Dejas de hacer otras cosas (leer, dibujar, salir, quedar, comprar, cocinar, comer...) porque tu adicción te ocupa mucho tiempo.
· Aquello a lo que estás enganchado incluye el uso del botón F5.
· Ciertas zonas de tu mesa, tu portátil o tu teclado están desgastadas por el roce de tus manos y corroidas por el sudor.
· Cuanto estás offline tienes la sensación de que se están desarrollando un montón de cosas que te estás perdiendo.
· En el mundo real ves las cosas a través del filtro de tu adicción (ese sería un buen punto para hacer de francotirador, en esa barra podría grindar con el monopatín, ¿podría bloggear esto?, ¿cuántos puntos de experiencia me darían por cargarme a ese tío?...).