31 de octubre de 2015

Florida Man, el peor superhéroe de la historia


Decía la canción de Astrud que "Hay un hombre que lo hace todo en España, se inventa los debates que hacen en Antena 3, es cajero de Ikea y es teniente coronel". Pues se podría decir que hay un proverbial hombre en Florida que lo hace todo: lo mismo se lía a hostias con el DJ de un karaoke bar que te intenta vender el mismo coche que previamente te ha robado.

Algo parece haber en el estado de Florida (quizá esa aparencia de "pito de América") que la convierte en un campo de cultivo para hombres de clase baja, desposeídos y acabados, a menudo ebrios, que deambulan por sus calles buscando todo tipo de problemas. Tanto es así que existe todo un subreddit dedicado a este fenómeno, recopilando noticias de sucesos que a golpe de vista se dirían perpetrados siempre por un mismo personaje catastrófico.

Tanto es así, además, que Sean Dunne realizó un documental sobre esta especie de hombres, filósofos inspirados por la lata de cerveza que sujetan en una mano, hombres de puños prontos a la camorra, hombres que bien podrían haber sido Charles Bukowski en cierta época de su vida.




En Atomic Buddha ya apareció anteriormente un documental de Dunne sobre otra tribu urbana: American Juggalo. Está claro que a este hombre le mola la demacre.

29 de octubre de 2015

La Ley de Muphry

 

"Amigo, deberías cuidar más tu hortografía. Tu manera de escribir es tu imagen y tu presentación ante el mundo y, sobre todo, en Internet. Y la imagen que estás dando es la de un miserable inculto. Antes de hablar tanto, aprende a escribir".

Pulsas el botón "Enviar" y te reclinas hacia atrás en tu silla, satisfecho. Le acabas de dar a ese paleto una lección, azotándole con el látigo de tu superior intelecto.

Segundos después te recorre un sudor frío: te acabas de dar cuenta de que "ortografía" se escribe sin hache.

Este fenómeno tiene nombre, y se llama Ley de Muphry. Exacto, como la famosa Ley de Murphy (si algo puede salir mal, sale mal), pero con esa letra ligera e intencionadamente desplazada.

Fue enunciada por John Bangsund, estableciendo:
a) Si escribes algo criticando una edición o corrección, habrá una falta de algún tipo en lo que has escrito.
b) Si un autor te agradece en su libro por tu edición y revisión, habrá errores en el libro.
c) Cuanto mayor sea el sentimiento puesto en a) y b), más grave será la falta.
d) Cualquier libro dedicado a la edición o el estilo, tendrá una inconsistencia interna.

Artículo en inglés

Relacionado: Leyes epónimas

27 de octubre de 2015

La historia negra: el perfil del asesino múltiple

James Eagan Holmes asesinó a tiros a 12 personas  en un cine de Colorado, en 2012

Si te interesan las historias de crímenes, asesinos y matanzas de todas las épocas, La Historia Negra, sección de La Noche de Cope, es tu programa. Duración justa, riguroso y bien narrado.

En este episodio se hacen eco de un estudio del doctor Michael Stone, de la Universidad de Columbia, sobre una muestra de 235 casos de asesinos múltiples estadounidenses, asesinos en serie, asesinos de masas y "spree killers", explicando las diferencias entre unos y otros (básicamente, el asesino en serie tiene un periodo de espera y relax entre muerte y muerte), y analizando la curiosa conclusión a la que llega Stone: el perfil del asesino en serie medio es un hombre blanco, trabajador, no enfermo mentalmente pero resentido con su entorno.

Sé siempre tú mismo y todo irá bien


24 de octubre de 2015

Still Life (Betamale)


Fin de semana por la noche. Reunión de amigos. Les digo: "¿Queréis ver mierda rara?". "¡Oh, sí, por favor, enséñanos material del bueno!", dicen. Recientemente les había descubierto la existencia del artista Tonetta y éste ha pasado a ser parte de nuestra cultura tribal, así que las expectativas sobre lo que Oruga podía traerles estaban bastante altas.

Les puse Still Life (Betamale). Al minuto me estaban pidiendo que lo quitara. No lo aguantaron. Fue una lástima porque apenas habían visto lo realmente bueno del vídeo. Sólo llegaron a ver los teclados de ordenador llenos de mugre nauseabunda, las habitaciones atestadas de envases de comida y refrescos y poco más. No llegaron al gran canto al hikkikomirismo y las desviaciones sexuales del siglo XXI. ¿Se debió esto a que había presentes chicas, habitualmente (ojo, sólo habitualmente) más sensibles que nosotros? Los hombres quizá somos igualmente impresionables y asqueables, pero a menudo aguantamos por morbo la mirada que nos lanza la pantalla sin dar crédito a lo que estamos viendo, sea el reventón del grano de pus más grande del mundo o un accidente cerca de la Kaaba que produzca una riada de sangre instantánea (me niego a enlazar esos vídeos, vais a tener que investigar por vuestra cuenta).

Este videoclip del tema "Still Life" del artista Oneohtrix Point Never, creado por Jon Rafman, despertó algo de polémica. No sólo fue censurado en YouTube por contener escenas hentai explícitas, para luego ser acogido por políticas más flexibles en Vimeo, sino que provocó la protesta del dueño del tumblr Fmtownsmarty, en el cual recopila capturas de videojuegos japoneses retro. Este señor o señora se dio cuenta de que Rafman había utilizado su "trabajo" sin acreditar la fuente, así como el de muchos otros, no digamos "artistas", digamos simplemente "personas". Personas que sólo necesitan su ordenador, su consola (en el mejor de los casos) y un suministro de comida y bebidas suficiente para mantenerse vivos. Personas que viven su sexualidad enfundándose disfraces de animales (véase el fenómeno furry, el otherkin o la disforia de especie). Personas, hombres, que prefieren ser mujeres, pero no mujeres normales: mujeres del mundo manga, delicadas y tímidas, con máscaras de ojos enormes y amaneramientos gestados en una alucinación lynchiana.

Por suerte, el error fue corregido y desde entonces la descripción del vídeo incluye links a las fuentes de algunos de los materiales usados en el vídeo: r/shittybattlestations, Gurochan, Swampy T Fox, Kigurumiwa o Kiwikig Kigurumi.

Por lo visto fue Rafman el que decidió añadir el concepto "betamale" al título, un término bastante manoseado actualmente en internet para distinguir a los machos alfa (dominantes, seguros de sí mismos, sexualmente activos, líderes de la manada) de los machos beta, los que se mantienen al fondo de la escena social sin saber qué hacer con sus deseos y sentimientos, normalmente volcados en parafilias y mundos virtuales donde los seres humanos son símbolos (visuales, textuales, avatares, chats...) fáciles de encarar, y las mujeres son complacientes y nada intimidantes (actrices porno, personajes hentai, chicas de date simulators...).

Still Life es una mirada por microscopio a algunas cosas no muy tranquilizadoras que han florecido en esa gran placa de Petri que es internet, un experimento de libertad, anonimato, aislamiento y autopublicación. Gracias a internet descubrimos cosas que quizá preferiríamos no saber, como que hay gente cuyo fetiche es hundirse hasta el morro en arenas movedizas, descubrimos géneros dentro del hentai como el guro, o que prácticas como vestirse de chica manga y protegerse tras una máscara son de hecho habituales, por ejemplo, en YouTube.

Nadie tiene la autoridad para juzgar la sexualidad de los demás ni etiquetar lo que a algunos les de placer como "parafilia" o "desviación", pero la pregunta que se me presenta es: ¿dónde acaba la experimentación sexual y empieza el suicidio social?

Recuerda dos cosas, amigo: 1. Persigue tus sueños 2. Nunca estás solo

Jon Rafman's not-so-still life from digital betamale

Edito: Nuestro comentarista habitual ha sugerido ver el vídeo a pantalla completa, y tiene razón. Sólo la calidad y el tamaño de los vídeos que aloja Vimeo permite apreciar como se debe este hipnótico cúmulo de marginalidad, roña y gráficos asépticos y gélidamente retro.

15 de octubre de 2015

Moondog

 
Moondog en la 5ª Avenida de Nueva York, 1965
 
Louis Thomas Hardin (1916–1999), alias Moondog, se quedó ciego a los 16 años, pero eso no le impidió estudiar música, componer, inventar instrumentos y escribir poesía. Era conocido como "El Vikingo de la Sexta Avenida" ya que era habitual verle merodeando por esa calle de Nueva York -donde vivió durante una etapa considerable- regalando a los viandantes poesías y composiciones, vestido con ropajes que homenajeaban al dios Odín y confeccionaba él mismo. Todo un personaje de la cultura beatnik cuya vida ha inspirado recientemente la realización de un documental.


Su mayor legado es su música, que en mi relativa ignorancia, me atrevería a categorizar de "clásica contemporánea" con influencias jazzísticas. Es grandilocuente pero también entrañable, muy cinemática en el sentido de que perfectamente podría acompañar a escenas de una película o quizá un gran cuadro clásico. En sus discos utilizaba instrumentación, percusión, canción, poesía, grabaciones ambientales...

Aquí podéis ver su discografía y a continuación podéis escuchar uno de sus discos de 1969, titulado a su vez "Moondog".



Ver también: Moondog's Corner, fansite.

13 de octubre de 2015

Vaporwave


Nostalgia revisionista
En una realidad paralela hay cientos de DJs de los que no has oído hablar en tu vida y lo que está haciendo furor musicalmente es una aplicación práctica de aquella teoría que dice que lo retro siempre vuelve a poner de moda lo de 20 años atrás. Lo que sucede es que ya estamos en los 2010 y hace 20 años fueron los 90, no los 80 (siento romper tu burbuja). Así que cuando uno escucha vaporwave no sabe si está escuchando samples originarios de los 80 o de los 90, décadas que, vistas desde la atalaya de este nuevo milenio, ya no parecen tan separadas ni diferentes, y de hecho se tocan en muchos puntos. Uno puede ver perfectamente cómo se funde una década con otra en la intro de Salvados por la Campana, cuya emisión comenzó en la fronteriza fecha de 1989. Esa estética... ¿es ochentera? ¿Es noventera? No puede decirse.

El chop n screw (enlace a ejemplo) no era nada nuevo: trocear canciones ya existentes, ralentizarlas y remezclarlas para crear versiones más lentas, oscuras y ambientales, más chill. Bien. Pues por algún motivo montones de artistas parecieron tener a la vez la idea de aplicar esta técnica a sonidos de los 80. Una de las reglas del vaporwave es que los artistas usan pseudónimos totalmente desconocidos y anónimos, de modo que no sólo detrás de varios nombres podría estar el mismo productor haciendo música como churros, sino que detrás de alguno de esos apodos artísticos podría incluso estar refugiado un artista famoso, digamos Aphex Twin, digamos Skrillex, probando esto del vaporwave para liberarse un poco y echarse unas risas sin presión ninguna.

Porque hacer vaporwave debe ser divertido, digo yo. Debe ser divertido escarbar en la música más hortera de las décadas recientes, la más comercial y anodina, los éxitos pop, los jingles publicitarios, la "música de ascensor" y bandas sonoras de stock, reciclar todo eso para samplearla, trocearla, ralentizarla y distorsionarla hasta convertirla en una monstruosidad, una hipérbole ochentera, especie de alucinógeno sonoro. No recuerdo textualmente cómo lo definió un usuario de /mu/, el board musical de 4chan, en respuesta a alguien que decía no "pillar" este microgénero, pero lo justificaba con un argumento parecido a este: "Imagina que estás en una realidad virtual. Te rodean los edificios digitales de una megalópolis, las luces de neón y millones de anuncios, los coches del futuro vuelan por un cielo rosa-purpúreo y todo empieza a derretirse a cámara lenta".

Por si no te había quedado claro, los 80 están de moda. La generación que está ahora mismo en la cúspide de su madurez (los treintañeros) vivió esa década y están encantados de consumir cualquier producto  relacionado con ella: dibujos animados, series, películas, música, personajes populares, moda, diseño gráfico, colores, la textura del VHS y las casetes... Y así vemos tíos talluditos con camisetas de los Goonies, Joaquín Reyes hace celebrities de Grace Jones, Alaska y John McEnroe y triunfan productos como Kung Fury y Hotline Miami.

Pero la nostalgia distorsiona. La memoria no es inoxidable y adjudica una carga sentimental a los productos, la cultura y los momentos.

Esa es la base del vaporwave: distorsionar el pasado. Hiperbolizarlo. Llevar al extremo ese fenómeno del revisionismo de una época hasta convertirla en algo que en realidad no existió. Una hiperrealidad.

Aesthetics
Si hablamos de vaporwave hay que hablar de su parte estética, que es una parte casi tan importante como la sonora. Las portadas de los discos, el concepto del álbum, el nombre del artista, los títulos de los temas (muchas veces en caracteres japoneses, porque no hay nada más alienígena y futurista en este planeta que Japón) preparan la experiencia para el oyente.

De hecho la estética de este microgénero se ha convertido prácticamente en un meme. Es tan marcada que para todo aquel novato que quiera ponerle portada a su flamante incursión en el terreno, parece haberse vuelto obligatorio usar ciertos elementos en las portadas: sistemas operativos, equipos informáticos vintage, estatuas clásicas, bebidas de pijos, colores saturados... Cualquier cosa que pudiera hacer pensar a un diseñador de los 80: "Oh, yeah, esto es lo máximo. Es lo que se lleva".

Vale, pero ¿cómo cojones suena el vaporwave?
Podría deciros que el vaporwave es la música más anodina y aséptica de la historia, y podría compartir mi teoría de que es la respuesta inevitable a la música noise, ese intento de transmitir la mayor potencia y rabia posibles. Pero vamos a dejar de explicar cómo suena la música y a demostrar el movimiento andando. Estos son los albums vaporwave que he visto comentados y alabados más a menudo.
Floral Shoppe - Macintosh Plus
Posiblemente el disco del género más comentado y respetado actualmente. Macintosh Plus es un pseudónimo del productor Vektroid.

Blank Banshee - Blank Banshee 0

Com Truise - In decay

SAINT PEPSI - Hit Vibes

Chuck Person - Chuck Person's Ecco Jams Vol. 1

Este último es posiblemente uno de los gérmenes del género. Detrás del pseudónimo Chuck Person se esconde el artista Oneohtrix Point Never, bastante célebre en la escena electrónica actual.

Microgénero no tan micro
El vaporwave es llamado "microgénero" musical, porque es un género dentro de otro género (la electrónica... o no), porque se ha generado exclusivamente en internet, y porque fuera de la red no es demasiado conocido excepto para cierta población de hipsters (que quizá no lo son estéticamente pero sí actitudinalmente) obsesionados con estar al tanto de la última tendencia minoritaria, o freaks que tienen instalados el Audacity y el Fruity Loops y deciden que tienen que hacer un disco vaporwave con sonidos de, por ejemplo, la serie Seinfeld.

Es micro, pero lo justo para que algunos editen un breve documental sobre su historia (probablemente más acertado que este artículo que estáis leyendo), que el youtuber FrankJavcee haga un tutorial (chorreando ironía, como todo lo que hace) para aprender a producir vaporwave, o que Anthony Fantano, youtuber y crítico musical de referencia, para algunos tan influyente como Pitchfork, le dediquen un episodio de su podcast.


Es micro, pero ahí están "productoras" (las comillas son porque en el vaporwave ya no estoy seguro de que nada sea lo que dice ser) como Beer In The Rug, Dream Catalogue o Business Casual, apadrinando decenas y decenas de artistas y albums en Bandcamp.
Es un microgénero, pero en Dummymag le dedicaron todo un artículo extenso, detallado y reflexivo, que incluso va acompañado de un mix que incluye todas las canciones que son mencionadas en él. Me gustaría cerrar citando una parte interesante de ese artículo que trata el concepto de "aceleracionismo".
"El aceleracionismo es la noción de que la disolución de la civilización forjada por el capitalismo no puede y no debería ser combatida, sino que debe ser dirigida aun más rápido y más lejos hacia la demencia y la violencia anárquicamente fluida que es su conclusión última, bien porque sea liberadora, porque cause una revolución o porque la destrucción es la única respuesta lógica."
Es posible que no veáis nada de esto en esta música y sólo encontréis en este artículo música ochentera ralentizada y loopeada de una forma desquiciante que hace imposible seguir su ritmo. Yo sólo puedo deciros que a la hora de relajarse mientras miras el móvil, de vaciar la mente o de intentar conciliar el sueño, el vaporwave es el bálsamo ideal.

3 de octubre de 2015

El día que el payaso lloró


Jerry Lewis, el Jim Carrey de su época, se embarcó en el peliagudo proyecto de rodar una película sobre un payaso que intenta hacer reír a los niños judíos de los campos de concentración. Esto, bien hecho, con saber hacer, podría haber acabado en una buena película. La búsqueda de la esperanza en las situaciones más adversas, un personaje despreciable que se redime encontrando su verdadero cometido en la vida... Pero no fue el caso. De hecho la cosa empezó a tener tan mala pinta, empezó a apestar tanto a mierda, era una película tan inadecuada, oscura y perversa, que los productores hicieron el dale marcha atrás chica disco y se largaron a mitad del proyecto, dejando colgado a Lewis, que tuvo que acabar el proyecto por sus cojones y poniendo su propio dinero.

Y Jerry Lewis observó su trabajo y dijo algo más o menos así:


Y fue así que le entregó el metraje a la Biblioteca del Congreso de los EEUU y les dijo: "Conservadlo para la posteridad, pero jamás, jamás, jamás dejéis a nadie ver este horror". Bueno, para ser fieles a la realidad, se dice que hace un par de años declaró: "Agradezco tener el poder para contenerla y no permitir que nadie la vea nunca. Era mala, mala, mala. Pudo ser maravillosa, pero la fastidié". Así que la película pasó al universo de las obras malditas y secretas, a salvo de la vista de la humanidad.

A salvo al menos hasta dentro de 10 años, ya que el autor parece haberse ablandado y, de no querer que se publicara ni después de muerto, ha pasado a decidir que se revele dentro de una década.

En este documental de 1972 se puede ver parte del proceso de rodaje y el único metraje que se ha hecho público de esta película.

Pero todo lo cuenta mucho mejor el señor John Tones en "Verne", su blog en El Pais, en este artículo.

1 de octubre de 2015

Hiperrealidad

El protagonista de Synechdoche, New York, lleva a cabo un proyecto teatral
que es una réplica a escala 1:1 de su propia vida


En este mundo capitalista, post-moderno y tecnológico estamos creando continuamente realidades nuevas. Algunas de ellas se superponen al referente original o lo sustituyen incluso hasta que este es olvidado, mientras que otras son creadas desde cero y no tienen ninguna relación con nada previamente existente.

Espectadores que se han educado viendo porno pueden acabar con una noción ligeramente fantástica de lo que son las relaciones sexuales, en las cuales las mujeres serían unas guarras insaciables a las que les encanta el sabor del semen y que se les corran en la cara, donde habría que cambiar contínuamente de postura, adoptando a veces posturas poco prácticas en la realidad, donde todo sería limpio e inodoro, sin flujos, pelos o gases de por medio.

Disneyworld es eso: un mundo Disney, un mundo aparte, que no existe. Todo el complejo intenta mantener una gran ilusión de vuelta a la niñez o potenciación de la misma, donde los personajes animados son reales y no existen las emociones negativas. La verdad es que tras toda esa estructura hay una serie de cuartos, pasillos y túneles subterráneos que ocultan la banalidad y la fealdad.

Cuando uno paga por algo que lleve impreso el logo de Apple está pagando por un significado que percibe detrás de ese símbolo, a saber: diseño, tecnología puntera, infalibilidad, alternativa a lo mainstream (que sería Microsoft) y pertenencia a una élite que no obstante es al mismo tiempo una minoría (no por nada los macs son una posesión habitual de los hipsters que van a los Starbucks y cafés recoletos con wifi a escribir sus revolucionarias novelas o a actualizar sus blogs).

Nos estuvieron alimentando con imágenes de mujeres imposibles e impecables en las portadas de las revistas y los carteles de las películas, hasta que se difundió ampliamente el nivel al que se llegaba a usar Photoshop (o lo que sea) para ocultar cualquier imperfección (lunares, arrugas, manchas en la piel) o realzar lo que escasea (talla de pecho, color en los ojos, grosor de los labios, etc.).

Otro ejemplo de hiperrealidad podría ser la deformación de los sonidos de los 80 y 90 que es parte esencial de un microgénero musical de aparición reciente: el vaporwave. Pero ese tema quiero tratarlo en su propio artículo en un futuro próximo, porque ahí hay mucha tela que cortar.

Hiperrealidad, artículo en español
Hiperreality: artículo en inglés