28 de diciembre de 2013

Bumfights, un vídeo prohibido

Advertencia: esto es el análisis de un producto audiovisual infame. Conforme lo vayas leyendo quizá vayas perdiendo cualquier respeto que puedas tenerme sólo con pensar que lo he visto de cabo a rabo, y que dedico mi tiempo y energías a analizarlo. Pero no puedo evitarlo. El tema me obsesiona y fascina, como me fascina lo marginal y lo criminal, como nos fascinan las historias sobre la mafia y asesinos en serie.

Procuraré no entrar demasiado en juicios de valor (aunque se me escape alguna que otra opinión) y limitarme a exponer los hechos. Por favor, no me odiéis por no condenar rotundamente Bumfights.


Cuando habla, Ryen McPherson tiene una medio sonrisa, una smirk, como si encontrara gracioso todo el asunto. Como si se hubiera salido con la suya.

La idea surgió en 1999, cuenta. Estaban en Naked City, un barrio bajo de Las Vegas, y vieron a dos sin-techo peleándose. Alrededor se había congregado cierto público y parecían estar pasándolo bien con el espectáculo. Aquello era material del que se podía sacar algo.

En 2002 Ryen y sus amigos, Zachary Bubeck, Daniel J. Tanner, y Michael Slyman, rondando los 15 años de edad, agotaron el crédito de sus tarjetas e invirtieron 50.000 dólares y tres años de su tiempo para crear "Bumfights: a cause for concern", bajo su propia productora: Indecline Films. Distribuyeron el DVD exclusivamente por internet, a través de su sitio web. Su esperanza era doblar lo invertido.

En tres semanas vendieron más de 300.000 copias, una media de un vídeo cada cuatro minutos, y ya eran millonarios.

Hoy en día los vídeos de Bumfights (hubo hasta tres secuelas, a manos de otros individuos que compraron los derechos) están prohibidos en países como Reino Unido, Canadá y Nueva Zelanda, y sólo se pueden adquirir por internet o de contrabando.

Pero, ¿qué se veía en ese metraje de 56 minutos que alimentó el morbo de miles de personas de todo el mundo (la mayoría, probablemente, universitarios de la hermandad pi-beta-kappa fumando hierba en pipas de agua en sus sofás), que hizo escandalizarse a agrupaciones defensoras de derechos humanos, llegó hasta los noticiarios de medios como la CNN y la Fox y abrió un debate sobre los límites de la industria del entretenimiento audiovisual?

Remontémonos a Jackass. Individuos jóvenes realizando stunts ("acrobacias" que sólo debería hacer un especialista) con resultados dolorosos y dañinos para la integridad física. Steve O colocándose una medusa en la cabeza y luego aliviando la picadura con su propia orina. Bam Margera gastando bromas a sus padres que en cualquier otro caso habrían hecho que le expulsaran de casa y le desheredaran. Johnny Knoxville con un montón de niños haciendo cola para darle una patada en los huevos, protegidos, eso sí, por un suspensorio. Bromas extremas. Golpes. Todo grabado con muy pocos medios, sin trucos. Real, de cerca.

Rascando un poco más, podemos incluso encontrar el origen de Jackass en los vídeos de skateboarding, rodados con cámaras no muy caras y objetivos de ojo de pez, a nivel de la calle, aderezadas en ocasiones con encuentros con variopintos personajes callejeros y con los inevitables y dolorosos golpes y caídas que son el precio a pagar por la grabación de un truco exitoso sobre la tabla.

Había que llevar el límite un poco más allá. De hecho, McPherson y sus amigos lo llevaron un poco más allá tan sutilmente, tan en la penumbra entre el entretenimiento y el delito, que hasta varios años después no se decidió someterles a juicio.

Había que llevar el límite un poco más allá y sacar pasta con ello.

Básicamente, el contenido de Bumfights se puede clasificar dentro de dos grandes categorías:

-Putadas a sin techo ("bums").
-Gente (en su mayoría adolescentes) zurrándose la badana ("fights").


Ser un adolescente blanco americano de clase media es muy duro. 
Por algún sitio tiene que escapar esa frustración.

La receta la completan contenidos inclasificables de todo tipo: pintadas, perros cojos, animales muertos, camionetas atropellando letrinas, un tipo disfrazado de Pedro Picapiedra remolcando un becerro muerto al grito de "Yabba Dabba Doo!" o una señorita de buen ver en bikini sobándose toda.



Señorita de buen ver. Que no falte de ná.


Igual que los skaters salían a cabalgar la calle y con sus cámaras mostraban rincones y personajes que nunca verá un burgués a salvo en su apartamento y en su barrio decente, con su vida bien a salvo dentro de los límites habituales, McPherson (director del proyecto) y sus compinches salieron a mostrar el lado más decadente de las calles de Estados Unidos, algo que algunos incluso consideraron una bendición, un sopapo en toda la cara de la conciencia social. Uno de los últimos planos del vídeo recorre la acera de una calle cualquiera, donde duermen, sobre cartones, bajo mantas, al aire libre, decenas y decenas de personas. No hablamos de un vagabundo durmiendo en un cajero. Hablamos de decenas de personas ocupando todo lo largo de una calle.

Hace unas semanas salí a pasear por la noche y me encontré con un amigo y su acompañante. Entre otras cosas hablamos de cómo, según mi opinión, la programación de las cadenas de televisión españolas había mejorado desde la irrupción en el panorama del Canal Cuatro y todo un nuevo género de realities documentales. Se me ocurrió mencionar el programa "Callejeros".

"Cuidao", intervino el acompañante de mi amigo, "Callejeros lo que te muestra es el lumpen".

Lumpen: del alemán "andrajoso", el estrato social más bajo, compuesto por individuos sin clase ni conciencia de clase que forman parte de la sociedad pero que no aportan nada a la misma, y se dedican a actividades al margen de lo legal.

"Si el equipo de Callejeros te encuentra de fiesta y te tiene que pagar el pollo de cristal para que te lo metas delante suya, te lo pagan".

He ahí el problema de Bumfights. Hasta la aparición del elemento dinero, Bumfights es un Jackass+callejeros+grabación de móvil de peleas de instituto. "A cause for concern", "Un motivo de preocupación", lo subtitularon en una hábil maniobra, dándole una cínica pátina de denuncia social. Muestran una realidad dura pero una parte del metraje está distorsionado por la intercesión del dinero. No se habrían metido en problemas si no hubieran decidido pagar (con dinero o alcohol) a vagabundos por hacer algunas de las stunts


Momento en que los productores ofrecen por primera vez dinero a Rufus a cambio de cometer burradas

Cagar en un papel en medio de la acera. Arrojarse desde una ventana a un seto. Arrojarse desde cierta altura a un contenedor de basura. Estrellarse de cabeza contra un cartel. Tirarse escaleras abajo sobre un carrito de la compra. Tatuarse la palabra "Bumfights" en la frente. Uno se extraña cuando ve a Rufus Hannah y Donnie Brenan (las principales estrellas del vídeo) absolutamente motivados y entusiasmados con sus roles, pero según declaraciones, los productores se dedicaban a emborracharles hasta que estaban dispuestos a hacer cualquier burrada por unos cuantos dólares, más alcohol, o una noche de hotel.

Pero la alienación de los vagabundos no acaba ahí. La sección probablemente más penosa de ver es la llamada "Bumhunter" donde un emulador de Steve Irwin caza vagabundos en lugar de cocodrilos. Uno pierde la fe en la humanidad cuando ve cómo alguien intenta hacer humor a costa de personas que no tienen nada, que se despiertan en mitad de la noche, en su saco de dormir, en un descampado, viendo cómo unos desconocidos con cámaras le amordazan y le atan de pies y manos para marcarle con un rotulador y hacer comentarios sobre el fabuloso espécimen que acaban de cazar y al que se disponen a devolver a su hábitat.



Un producto audiovisual con tanto éxito, que cientos de miles de personas habían comprado y visto, con semejante contenido, no podía pasar inadvertido. Desató lo que Leslie Wilkins, en su libro "Desviación social: Política social, acción e investigación", denomina (aquí me estoy arriesgando un poco con la traducción) "espiral de magnificación de la desviación". Es un fenómeno que una vez definido resulta familiar: los medios de comunicación se hacen eco de un acto criminal o considerado como aberración por la sociedad. El interés despertado hace que se informen de más casos que de otro modo hubieran sido ignorados, pero que se presentan como la confirmación de un patrón. Casos puntuales se convierten en un problema común. El público exige ser alimentado con más noticias sobre el problema, y esta exposición en los medios puede acabar idealizándolo o mostrándolo como común, lo cual desemboca en casos de imitación. Los políticos aseguran que tomarán medidas y aprobarán nuevas leyes para luchar contra el problema, y así la espiral va creciendo y creciendo hacia un "pánico moral inducido por los medios", como lo denomina el sociólogo Stanley Cohen.

La "desviación" fueron los 311 Boyz. Es decir, Bumfights fue un producto horrible, pero los 311 Boyz fueron el caso más flagrante de imitadores. Grupo de adolescentes blancos de clase media-alta de Las Vegas, etiquetados en un principio como "banda juvenil", salían en busca de pelea o las provocaban entre individuos con la intención de grabarlas en vídeo y hacer negocio con ello. Saltaron a los titulares cuando persiguieron a un grupo de chicos que escapaban en furgoneta de un altercado con ellos en una fiesta. Entre otras lesiones causadas, una piedra dejó ciego de un ojo a uno de los asaltados. Los medios aprovecharon para cebarse en el mito del adolescente violento y en la idea del surgimiento de bandas de jóvenes que deambulaban atacando a lugareños. Los 311 Boyz no fueron el único caso. En los medios comenzaron a surgir noticias sobre todo de jóvenes que agredían a gente sin hogar, admitiendo algunos de ellos haberse inspirado en BumfightsTampoco faltaron los que se sumaron a este nuevo género audiovisual viendo las posibles ganancias. Comenzaron a aparecer imitadores de la serie con títulos que contenían las palabras "bum" o "fights".

Aspectos como estos se tratan en el documental Bumfights - A video too far. En él se da una oportunidad a McPherson para defenderse, el cual mantiene que cuando los vagabundos protagonistas hacían cosas por dinero, se trataba de un intercambio consentido entre adultos, y que a veces incluso se les ve entusiasmados por su participación (difícil no estar entusiasmado cuando te han puesto hasta arriba de cerveza y te han tirado colina abajo con un monopatín).
Rufus diciendo a cámara "I love it!" después de que lo tiren terraplén abajo,
ebrio de adrenalina y de otras cosas

En la entrevista When bums stop fighting, McPherson se queja de que la gente juzga el vídeo sin haberlo visto. Declara: "Si lo has visto te darás cuenta de que la mayor parte de la violencia tiene lugar entre adolescentes y no entre vagabundos. Este es el hecho que he intentado mantener  desde el primer día a través de este mundo de "juzgue a un libro por su portada". Hay quizá tres incidentes en los que personas sin hogar se ven implicadas en violencia y esos incidentes son tan espontáneos e inesperados como las peleas de instituto. El metraje sobre vagabundos consiste principalmente en Rufus the Stunt Bum y Bling Bling the Crackhead, entre otros personajes únicos, simplemente haciendo lo que suelen hacer".


Bling Bling después de fumar crack para la cámara


"Lo que suelen hacer" por lo visto incluye estrellarse de cabeza contra un container, prenderse fuego al pelo o beber de una botella donde previamente ciertos jóvenes "cineastas" han meado.

Algunos amigos de afectados por el rodaje consiguieron animarles a presentar una demanda. El equipo finalmente fue llevado a juicio acusado de conspiración para promover peleas con incentivo económico. Fueron sentenciados con servicios a la comunidad, a los que no asistieron, por lo cual acabaron pasando seis meses en la cárcel.

Menos peliagudo legalmente hablando fue el siguiente vídeo que produjo el equipo Indecline: Indecline Vol 1 - It's worse than you think (tan poco peliagudo que YouTube se permite albergarlo. Intenta subir un extracto de Bumfights, a ver lo que dura). Sin embargo sigue siendo un visionado espeluznante, un viaje por lo más bajo de la sociedad americana, centrado en gente de la calle con problemas físicos y mentales, graffiti y una vez más, peleas a puño desnudo.

McPherson está ahora centrado en realizar trabajos audiovisuales, como videoclips. En su web puede comprobarse que perdura su interés por lo grotesco y decadente, lo incómodo de mirar. Me pregunto cómo será su vida. Me lo imagino intentando conseguir trabajo sin ser conocido como "el tío que hizo Bumfights", sabiendo que cambió el mundo, haciéndolo un poco peor.

14 de diciembre de 2013

Una historia de Norteamérica: análisis innecesariamente exhaustivo de un corto animado

"A story from North America" es un corto musical, animado por Kirsten Lepore y Garrett Davis, con música de éste último. Este corto me tiene últimamente obsesionado por dos motivos: una canción pegadiza y un significado simbólico que voy desenmarañanado cuanto más pienso en él. También me intriga el hecho de que algo tan extraño tenga más de un millón de visitas en YouTube. Es como si me hubiera perdido algo que millones de personas conocían desde hace años.

En un primer visionado, nos encontramos con un corto animado aparentemente sin sentido y con una calidad un tanto alucinógena debido a esa técnica de animación redibujada fotograma a fotograma que produce cierta sensación de fluidez en nuestro cerebro. Pero si no tiene sentido, ¿por qué se titula "Una historia de Norte América"? ¿Es simplemente un elemento aleatorio más añadido a la mezcla absurda?

El hijo podría ser Norte América, lo que por extensión llamamos Estados Unidos, y que para nada incluye a Canadá. El padre barbado es una representación bastante típica de Dios, a falta del triángulo con el ojo que todo lo ve flotando sobre su cabeza, y con el detalle poco habitual de que va en calzoncillos. El hijo ha visto algo que le da miedo, "something scary". ¿Qué no le da miedo a Norte América? Tenemos a los musulmanes, los terroristas, los indios en la época colonial, los negros, los comunistas, los extranjeros, los ateos... El Dios padre le hace ver que no es algo "scary" es simplemente la realidad, y debe aceptarla. Norte América debe aceptar la diversidad de formas en que aparece la vida en el mundo, y que todo no gira alrededor de él. Esta es una creencia habitual en los niños (que en muchos casos se extiende a la adultez). Norte América es el adolescente de la familia formada por todos los países del mundo: joven, de reciente creación, falto de experiencia, pero enérgico, colocado de hormonas como un jugador del equipo de football del instituto dispuesto a arramblar con lo que se le ponga por delante. Norte América se ve el niño mimado del mundo, potente, centro de atención, promotor de tendencias. Estamos hablando de imperialismo. Estamos hablando de un país que se cree la cuna de la democracia, que se cree con la misión de derrocar a los tiranos del mundo, que se cree la policía del mundo (como en la película Team America), que ha inculcado su cultura, su historia y su modo de vida a otros países más adultos a través de los medios de comunicación, el consumo y sus productos de ficción (cine, series de televisión y animación...). Probablemente sepamos más sobre la fundación de la democracia en EEUU -George Washington, la declaración de la independencia, la cabalgada de Paul Revere avisando: "¡Que vienen los ingleses!" y demás- que sobre nuestra guerra civil, porque lo hemos mamado desde pequeños en películas, en series, en los dibujos animados.

Norte América es un niño que cree tener el favor de su Dios Padre. Ve algo que le da miedo, simbolizado por una araña y le pide que lo destruya. "Me llamas en mitad de la noche y me pidas que destruya vida", le reprocha él. "¿Es eso lo que os enseñan en la escuela dominical?". ¿No abanderas valores cristianos? ¿Por qué quieres destruir todo aquello que te da miedo? Nótese que mientras dice eso, el padre se convierte en bomba, muy similar a la que EEUU dejó caer sobre Hiroshima y Nagasaki para poner los cojones encima de la mesa en la 2ª Guerra Mundial, acabar con el conflicto, amenazar con la catástrofe y demostrar quién mandaba, bombas que durante la guerra fría temíamos que cayeran a un lado y otro del telón de acero, bombas que apuntaban hacia los comunistas, bombas que cayeron en Irak para implantar la democracia, estuvieran preparados o no, con la excusa de la posesión de armas de destrucción masiva y el reinado de un dictador, figura ya tan icónica que incluso Sacha Baron Cohen lo ha convertido en protagonista de su última película.

Ante lo que tiene otro aspecto, otro tono de piel, otras costumbres, otras ropas, otros valores, sentimos rechazo. Lo vemos como parte de otra tribu cuyos objetivos reales desconocemos y que pueden perfectamente ser enemigos. Ante lo que tiene miedo, el niño/América ataca, bombardea.

En algunas películas de Doraemon -sí, Doraemon- se muestra a los "doraemons". Doraemon no es el único gato robot viajero del tiempo, hay siete, cada uno de un país diferente. El doraemon brasileño (Dora Rinho) lleva una camiseta de su selección de fútbol, el español (El Matadora), por supuesto, tiene montera, cuernos y duerme la siesta, y el americano (Dora The Kid), bien, tiene un cañón por mano. Para Japón -que en la familia de las naciones del mundo sería ese hijo traumatizado por aquella paliza que le dio una vez su padre- América es un cowboy con un arma. La guerra y el ataque forman parte de su cuerpo.




PADRE: Hijo, no es asqueroso, es sólo la realidad
respira hondo y aprecia la vida.
Mira qué delicadas son sus patas
reptando por el suelo de tu cuarto.
¿Sabes su nombre correcto?

HIJO: ¡Arácnido!


PADRE: Eso es.


Su nombre correcto. A las arañas no les gusta que les llamen "something scary" o "gross", prefieren que les llamen "arácnidos", gracias. Los negros prefieren que les llamen "afroamericanos" y no "niggers" o  "negroes", como se hacía hasta el movimiento de los derechos civiles en los 60. Los indios prefieren que se les llamen "nativos americanos". No tienen nada que ver con la nación de la India, a la que los primeros exploradores de la época de Colón creían llegar cuando viajaban en barco hacia el Oeste y no bordeando África hacia el Este.

"¿Y si la araña hiciese lo mismo? ¿Y si dijese, papá, aplasta a ese niño?". Tienes que aprender a ponerte en el lugar de los demás para volverte humano. Pero el niño responde: Precisamente por eso, "tengo que atacar primero". Aquí llegamos a la guerra fría: aquí todos tenemos armas nucleares, la cuestión es quién va a atacar primero, y si todos vamos a salir perdiendo tras un lanzamiento mutuo masivo de misiles, mejor ser el primero en atacar, que así probablemente tú quedes ligeramente más jodido que yo.

Finalmente el niño-América comprende que la araña quizá también tenga familia. Todos somos familia de alguien. La familia, la unidad básica de la sociedad. El Padre propone entonces devolver a la araña a su hábitat. Los nativos americanos fueron relegados a reservas, después de que los colonos les robaran sus tierras a base de genocidio, guerra, enfermedades e intercambios por collares de cuentas de cristal. Hoy en día se dedican a lucrarse con el privilegio exclusivo de los casinos y a ahogar sus penas en alcohol, uno de los principales problemas entre la población nativa americana. Los negros, secuestrados y traídos como mercancía y obligados (y habituados) durante generaciones a vivir en otro continente, difícilmente podrían ser devueltos a su hábitat, cuando ya forman parte de la historia y cultura de Norte América. En cierto modo sigan siendo extranjeros en tierra propia.

A continuación, transcripción de la letra completa:

Garrett Davis:
Here’s a story from North America!

[Son]

Daddy, daddy, daddy, hurry!
I saw something scurry!

[Father]

Son, what’s all this screaming for?
You’re gonna wake the neighbors next door!

[Son]

Daddy, I think there’s a spider on my floor!
Is it?
And will you squish it?

[Father]

You call me in here in the middle of the night
To come into your room and destroy life?
Is that what they teach you
In Sunday School?

[Son] But Daddy, it’s gross!

It’s got a million legs!
A billion eyes!
A trillion eggs!

[Father]

Son, it’s not disgusting – it’s just reality;
Take a deep breath and appreciate life!

Look how delicate his legs are

Crawling across your bedroom floor!
Do you know the proper name?

[Son]

Arachnid!!!

[Father]

That’s right!

We’re living in a world that’s full of creatures,

Big and small,
Hairy and slimy,
You are not the center of the world…

How would you feel if a giant hand

Came out of the sky and decided to crush you?

[Son]

I guess I’d be scared, but Daddy!
What if
The spider hurts me?

[Father]

He didn’t hurt you yet, did he, son?
Your logic is flawed, you come undone!
Swallow your pride.
What if the spider said the same thing:
Daddy, daddy, kill that kid!

[Son]

That’s the point, dad! What if he did?
That’s why
I have to strike first!

[Father]

What if he did?
What if he didn’t???
What if the world was made of pudding???????

All I’m saying is consider

Something
Besides your
Thirst… for blood?

[Son]

Dad, you’re right!
Now I see!
Maybe he’s got a family!

[Father]

Now you’re learning,
Understanding,
Finally you’re becoming human!!!

Let’s return him to his natural habitat -

Put him in a cup and take him outside…

Godspeed.


Existe también un Historia de Sur América, versión acelerada, coloreada, aun más surreal  y difícil de decodificar, donde unos monos (indígenas centro y suramericanos) han de ser domesticados y civilizados. Los primeros conquistadores ya intentaron salvar sus almas adoctrinándolos en el cristianismo para conseguir sirvientes de sus respectivas coronas. Tampoco hay que olvidar las intervenciones militares de EEUU en los países en los que peligrosamente empezaba a reinar el marxismo y que tenían las locas ideas de nacionalizar sus recursos (los caballos que los monos roban en el vídeo), como en el caso del gobierno de Allende en Chile, donde EEUU puso de su parte para que se convirtiera en la dictadura militar de Pinochet; o en el de Cuba, con quien estuvo a punto de iniciar un conflicto nuclear que habría desencadenado la tercera guerra mundial. EEUU de nuevo salvando la democracia y guiando a los salvajes por el buen camino.

La parte con la que aun me rompo la cabeza es esa en la que hacen un mandala. Ahí sí que me han pillado.



Ahora me queda soñar con unos posibles "Historia de Asia", e "Historia de Europa" en versión animada, musical y ultrasimbólica.