15 de marzo de 2008

María Tifoidea

En 1907 Mary Mallon, irlandesa que había venido, como otros muchos, a buscar una vida mejor a los EEUU, abrió su puerta y se encontró con un señor medio calvo y con bigote. Más tarde sabría que se llamaba George Soper.

- Señora -le dijo este señor con toda la educación posible en estos casos-, hasta ahora ha trabajado usted como cocinera en siete lugares diferentes, en los cuales han contraído la fiebre tifoidea veintidós personas, los últimos de ellos los señores Warren, y habiendo muerto una de ellas, una niña. Tengo la teoría de que es usted una plaga con patas. Le ruego me deje tomar muestras de sus heces, orina y sangre.

Mallon le contestó algo así como

- ¡Sube y pedalea! -enseñándole el dedo de en medio-. ¿Cómo voy a contagiar la tifoidea? No la he tenido en mi vida y estoy sana como una rosa. ¡Y ahora salga de mi propiedad!

La siguiente ocasión en que se vieron no fue mucho mejor. Mallon le expulsó de su cocina persiguiéndole con un tenedor. Soper incluso informó del caso al Departamento Sanitario de Nueva York que envió a un doctor a hablar con ella con resultado igualmente desastroso.

Finalmente la policía y una ambulancia tuvieron que ir a por ella y, tras varias horas de búsqueda, sacarla de un armario maldiciendo y peleando. Una vez en el hospital, las pruebas encontraron bacilos de fiebre tifoidea en sus heces, por lo que fue aislada a la fuerza e indefinidamente en el Riverside Hospital, en Brother Island.

Mallon estaba convencida de ser víctima de una injusta persecución, ya que no había infringido ley alguna y se veía perfectamente sana e incapaz de contagiar nada a nadie. Seguro que lo hacían porque era pobre, trabajadora, mujer y, sobre todo, irlandesa. Además tenía a su favor resultados de análisis que se había hecho con médicos propios, obteniendo resultados negativos.

En 1910 fue liberada con la condición de no volver a trabajar como cocinera.

- Sí, sí -dijo Mary Mallon.

Cinco años después se la encontró trabajando en la cocina del Hospital de Maternidad Sloane, en Manhattan, esta vez con el nombre de Mrs. Brown pero aun con la desagradable costumbre de no lavarse del todo bien las manos después de limpiarse el culo y antes de cocinar. Acababa de provocar otro brote con veinticinco infectados y dos muertos.

Esta vez fue recluída permanentemente en Brother Island, donde llegó a ejercer de enfermera y asistente de hospital y laboratorio, hasta morir de una apoplejía en 1938.

Con su imprudencia, dejadez y obstinación, la llamada María Tifoidea había contagiado a cuarentaysiete personas y provocado la muerte a tres, pero también fue un caso sonado de "portador sano" y de reclusión contra su voluntad por parte del gobierno y por el bien de la sociedad.

Aun hoy se le da el nombre de María Tifoidea a aquellos sujetos que se convierten en plagas andantes.

1 comentario:

fiebre tifoidea dijo...

Es lamentable este caso, esperemos que no se presente otro caso igual. Pero se debe prestar mucha atención a esta enfermedad de la fiebre tifoidea, la higiene es la mejor manera de prevenirlo, se debe lavar las manos antes y después de salir de los servicios higiénicos y también antes de preparar los alimentos. Además esta página http://www.findrxonline.com/articulos-medica/tifoidea.html indica que se debe aplicar la vacuna Typhin Vi cuando se viaja a países donde es frecuente la tifoidea como protección.