01/06/2019

Muerte a los normies, por Angela Nagle

En 1992 Patrick Buchanan se subió al escenario de la Convención Nacional Republicana y proclamó: "Hay en marcha una guerra por el alma de nuestro país". Efectivamente, no todas las guerras se libran con armas y derramando sangre. Cierto tipo de guerras se libran en el campo de batalla de los medios de comunicación, los libros, panfletos y debates, y tienen como objetivo nuestros cerebros. Son las denominadas guerras culturales. Durante un largo tiempo han sido patrimonio sobre todo de la izquierda y las minorías: la lucha por los derechos civiles de los negros, el feminismo, la lucha de la clase trabajadora, las revueltas universitarias... Sin embargo, la historia es un péndulo, y ser de izquierdas, feminista y progresista se ha convertido en lo mainstream, y lo cool en estos tiempos que corren es rebelarse contra toda esa corrección política, criticar las incongruencias de los movimientos izquierdistas y la hegemonía feminista. Decir lo que uno piensa hasta las últimas consecuencias. ¿Y dónde puede uno decir lo que realmente piensa sin miedo? Exacto. Internet.

Mientras leía este libro me preguntaba si tras su publicación, la autora, Angela Nagle, habría sufrido como consecuencia ataques y acosos como algunos de los que expone en él. Una rápida búsqueda muestra que . Dejadme decir que no se lo merece. A ver, entendedme: por supuesto nadie se merece que le acosen, le amenacen de muerte y le hagan doxxing. Lo que quiero decir es que si eres un troll y atacas a Nagle como si fuera otra feminazi enemiga del hombre blanco hetero y la libertad en la red, es que o bien no has leído el libro, o bien lo has leido pero no has entendido nada.

La autora reparte estopa a diestro y siniestro, tanto a la derecha como a la izquierda, tanto a los chaneros que hacen chistes sobre tiroteos en mezquitas de Nueva Zelanda como a los special snow flakes de Tumblr que se identifican con dragones de colores. Nagle tiene para todos. Simplemente expone con hechos lo que tenemos entre manos: una guerra cultural que se libra en internet mayoritariamente y se extiende a la televisión, la prensa y los debates políticos. Una guerra como jamás pensamos que tendríamos, con redes sociales, tweets, foros anónimos, youtubers mediáticos, jugadores de videojuegos lanzando amenazas de muerte y violación, puñetazos a nazis, presidentes de color naranja y memes de la rana Pepe.


Es una guerra que alguien de 100 años atrás no comprendería. A veces no la comprendes ni siendo contemporáneo, porque todo está cargado, no sólo de cyber-slang, sino de una capa de post-ironía profunda. Si no conoces los memes, te quedas atrás, fuera de onda. Pero también si no comprendes el realtivismo moral que reina en ciertos dominios de la red. El sufrimiento de los demás es divertido. La compasión es para débiles. El macho debe reinar. Es el nuevo rebelde, el nuevo antisistema. La guerra no sólo enfrenta a izquierda y derecha, a progresistas y conservadores, sino a hombre y mujer. El hombre es el nuevo oprimido. Las minorías raciales, las feminazis, los chads con su irresistible seguridad en sí mismos y las inalcanzables Stacies, que seleccionarán siempre al macho más apto para la supervivencia de la especie, les hacen la vida imposible a los hombres de bien. Es entonces cuando surgen los incels. Es entonces cuando alguien decide ir más allá de Reddit, agarrar una TEC-9 y liarse a tiros en una residencia femenina.

Espero que la pátina de ironía que recubre esta reseña no sea demasiado gruesa. Mi intención es sobre todo decir que "Muerte a los normies" es el tipo de lectura que me apasiona.Y no es porque se trate de un libro sobre drama cibernético. No trata sólo sobre fenómenos propios de internet, sino que hace un análisis bastante válido sobre los nuevos movimientos políticos que han llevado al poder a gente como Trump y que han hecho resurgir ideologías de extrema derecha como la alt-right.

La gente que se ha criado con Internet en sus manos ha crecido y ahora puede votar, señores. Piénsenlo bien.

Angela Nagle, fotografiada por Santi Cogolludo

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