29 de septiembre de 2015

Corey White sobre las teorías de la conspiración

¿Cómo puedo ser más contra-cultural?
¡Ya lo tengo! ¡Acusaré al contra-cultural por excelencia!

El texto siguiente es una traducción de On conspiracy theories, una transcripción de un monólogo del comediante australiano Corey White.
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Esta noche la gente va a reírse de algunas teorías de la conspiración que de verdad "están ahí fuera" (el 11 de septiembre fue un trabajo interno, el aterrizaje en la Luna fue falso y el mundo está gobernado por reptilianos). Todos objetivos fáciles. Esta noche debería llamarse en realidad: "Noche de Vamos a Apalear al Hombre de Paja".

Cuando la gente se burla de teorías de la conspiración absurdas todo lo que están haciendo es decir: “¿Cómo de tontas pueden ser las tonterías?". Porque las teorías de la conspiración, como la mayoría de las cosas en la vida, obedecen la Ley de Sturgeon: el 90% de lo que sea es basura. El 90% de la música, las novelas y películas son un montón de basura con un dildo usado en todo lo alto. Pero igual que no descartarías la totalidad de la comedia de monólogos actual porque exista Dane Cook, tampoco deberías rechazar las teorías conspirativas porque algún tío en Texas crea que unos hombres-lagarto son los que diseñan los pantalones de licra de Lululemon.

Me gustaría daros una lista de cosas que una vez estuvieron en el reino de la conspiranoia loca. El gobierno de los EEUU espía al mundo entero, los cigarrillos provocan cáncer, esa mujer no es una bruja... Literalmente podría seguir durante una hora enumerando teorías conspirativas que pasaron un proceso de escarnio público para ser finalmente probadas como ciertas. Los tíos de los gorros de papel de aluminio pasaron décadas convencidos de que los fabricantes de asbesto estaban mintiendo a la gente sobre sus riesgos para la salud. Tras alegar que la CIA estaba haciendo contrabando de cocaína, el periodista Gary Webb fue convertido en un paria antes de ser defendido en 1998 cuando el inspector general de la CIA lo admitió. Entre 1932 y 1972 el Gobierno Federal de los EEUU infectó en secreto a 201 hombres afro-americanos con sífilis para estudiar sus efectos. Estos hombres nunca fueron informados de ello y contagiaron la enfermedad por toda la comunidad.

Las teorías de la conspiración no son muy diferentes de las nuevas teorías científicas, donde una oposición similar aunque más civilizada es lo habitual. La gente solía escribirle a Einstein y acosarle. Literalmente escribieron cartas como: "¡Deje de decir que el espacio es curvo!". Supongo que propablemente la gente también le envió cartas a Galileo. "Tú, puta, somos el centro del universo, así que cierra la puta boca". La sociedad parece atacar siempre a los rebeldes epistemológicos, y los teóricos de la conspiración no son muy diferentes.

La predisposición de la gente para difamar a los teóricos de la conspiración es particularmente interesante teniendo en cuenta el amor de la cultura popular por personajes que en el mundo real serían considerados conspiranoicos. Personajes como Fox Mulder de Expediente X o Neo de Matrix. El mensaje resultante parece ser que nos gustan los conspiranoicos cuando tienen razón, pero si se equivocan o aun no han demostrado tener razón, vamos a por ti. Vamos a organizar noches de comedia en clubes en el centro de la ciudad para reirnos de ti.

Aunque los problemas del razonamiento inductivo son bien conocidos, lo que se ha hecho en el pasado puede ayudarnos a predecir lo que podría suceder en el futuro. Teorías de la conspiración que han resultado ser verdad en el pasado podrían tener una aplicación en el presente, especialmente cuando estás tratando con los mismos actores. El poder tiene su propia lógica pan-histórica, un grotesco patrón de racionalidad que emplea insistentemente para conservarse a sí mismo y eliminar las amenazas.

A veces las teorías conspirativas pueden tener una mezcla de ilusión y autenticidad. Un ejemplo famoso de esto es la teoría sobre cómo los banqueros judíos controlan el mundo. Por un lado, cada vez es más evidente que los bancos, como cualquier gran multinacional, ejercen una enorme influencia sobre los gobiernos. Uno sólo tiene que fijarse en cómo los bancos fueron rescatados tras la crisis financiera global porque eran "demasiado grandes para fracasar" o cómo los bancos que blanqueaban dinero de los cárteles mexicanos de la droga sólo recibían unos cachetes porque eran "demasiado grandes para la cárcel". Por otro lado, que esos banqueros tengan o no prepucio no importa, a menos que sean una de esas mujeres que odian los prepucios.

La mayoría de la gente dice de boquilla que lo que quiere es la verdad. La verdad, por supuesto, es que mucha gente realmente no quiere la verdad. Quieren algo que confirme sus prejuicios. La verdad es que muchos de nosotros somos presos de una inclinación hacia la confirmación. La verdad es peligrosa, nos fuerza a reevaluar nuestro lugar en el mundo y quizá a cambiar radicalmente nuestro comportamiento. La verdad es que somos irracionales, sentimentales y asustadizos. Para la mayoría de nosotros, desde que nos dijeron que Papá Noel no es real, ha ido todo cuesta abajo, una progresiva pérdida de inocencia en la que el mundo que creíamos conocer se vuelve más y más oscuro, más y más jodido. Así que en cuanto tenemos la oportunidad de acribillar a la gente que tiene teorías excéntricas la aprovechamos, porque eso es más fácil que afrontar la realidad que los conspirativos se atreven a afrontar: los leviatanes corporativos y las iglesias obscenamente ricas, las agencias gubernamentales de inteligencia con ilimitado poder y limitada moral.

El segundo tipo de burla que sufren los conspirativos del 11S es la gente que ataca la idea de que un gobierno quiera dañar a sus ciudadanos. Estos es peligrosamente ignorante. La historia está repleta de ejemplos de gobiernos que cometen ataques de falsa bandera contra sus propios ciudadanos. En el caso de América, en los 60 el gobierno de los EEUU redactó planes para que la CIA llevara a cabo actos de terrorismo contra civiles americanos y objetivos militares para justificar una guerra contra Cuba. Se la conocía como Operación Northwoods, está sobradamente documentada y es de conocimiento público. Así que la idea de que el gobierno de los EEUU estuviera preparado para asesinar a sus propios civiles en el 11S persiguiendo objetivos geopolíticos tiene precedentes. Y aun así la gente despotrica contra cualquiera que insinúe que el gobierno americano podría organizar un 11S, despotrican de una forma tan arrogante que si Christopher Hitchens levantara la cabeza diría: "Vaya un mamarracho arrogante".

Lo que las teorías de la conspiración tienen en común es una preocupación por las posibilidades de abuso inherentes a las instituciones de poder, gobiernos, organizaciones religiosas, agencias reguladoras y corporaciones. La historia de las teorías de la conspiración es en realidad la historia de los intentos de la humanidad de vislumbrar cómo las compañías más poderosas pueden utilizar mal su poder. Las teorías de la conspiración equilibran la asimetría de capacidad y conocimiento que existe entre nosotros y ellos. Esto es para mí un proyecto loable, independientemente de los extremos a los que se lleva a veces.

Puede que no respetemos ciertas teorías conspirativas, pero deberíamos respetar el intento de ciertos individuos de perseguir la verdad, a veces a un enorme coste personal. Los conspirativos puede perder sus trabajos y familias. En ocasiones son enviados involuntariamente a instituciones mentales. Y un dato perturbador es que unos pocos han sido hallados muertos tras un aparente suicidio. Tanto las teorías conspirativas correctas como las incorrectas emergen de la misma resistencia terca a aceptar la narrativa oficial. Es como Patrice O`Neal dijo una vez sobre la comedia: "lo gracioso y lo no gracioso salen del mismo chocho".

En conclusión, el mundo es un lugar increíblemente complejo y como individuos particulares estamos a merced de aquellos que tienen el dinero, la influencia y las armas. Nosotros no tenemos el control. Me cuesta no sentir que este es su planeta y nosotros simplemente vivimos en él. A la mayoría de la gente le resultará familiar la teoría de que el gobierno de los EEUU creó el virus del SIDA. Lo que es menos conocido es que esa teoría de la conspiración fue a su vez producto de una conspiración, la Operación INFEKTION, que incluía a espías de la Alemania del Este y Soviética implantando la teoría de la conspiración del SIDA en países de todo el mundo. No se me ocurre un ejemplo mejor de cómo estamos atrapados en una red de maquinaciones.

Sólo tengo una pregunta para aquellos que rechazan las teorías de la conspiración: ¿realmente pensáis que el mundo es exactamente como creeis?

Si lo creeis, esa es la teoría de la conspiración más loca de todas.

De hecho, es peor que una teoría de la conspiración. Tu creencia no es una teoría sino una fe en la benevolencia de los poderosos. Prefiero al tío más loco afirmando que los báteres occidentales fueron diseñados por aliens para incrementar nuestros casos de cáncer intestinales que a alguien que diga: "Na, todo va bien".

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