14 de enero de 2007

Koan

Podría definirse de una forma demasiado simple como "pregunta absurda", "acertijo sin respuesta" o "problema sin solución". En budismo zen es una pregunta o historia planteada por el maestro al discípulo. Éste medita la respuesta, incluso durante años. Su mente se concentra en intentar resolver el problema por los medios racionales habituales, hasta que llega un momento en que la razón no puede ir más allá. El pensamiento cesa y sólo queda "prajna", la sabiduría intuitiva, el silencio interior. El resultado de esto es el "satori", el estado de iluminación, claridad y paz en que uno simplemente sabe que el pensamiento no resuelve todos los problemas, no entiende todo lo que sucede en el universo.

Una buena respuesta a un koan puede ser otro koan, una respuesta incoherente, un gesto absurdo o incluso una bofetada o un bastonazo al maestro. Claro que en este último caso tienes que asumir el riesgo de que tu maestro te devuelva el golpe.

Debe quedar claro que el koan no es una adivinanza. La solución no es "el plátano" o "la gallina". El maestro se siente satisfecho con tu respuesta cuando comprueba que has destruído tu mente ordinaria.

Hay una gran cantidad de koans en la cultura zen. En primer lugar reseño los más famosos. Probablemente ya hayáis escuchado alguna vez, incluso en algún capítulo de los Simpson. Por supuesto no os voy a aportar ninguna respuesta.

- ¿Cómo suena un árbol que cae en un bosque si no hay nadie para oírlo?

- ¿Cómo suena una palmada dada con una sola mano?

- Si todas las cosas regresan a la unidad, ¿a dónde regresa la unidad?

- ¿Cuál era tu rostro original antes de nacer?

- Si usted comprende, las cosas son tales como son; Si usted no comprende, las cosas son tales como son.

- Un monje preguntó a Pao-chi, de Pan-shan: "¿Qué es el Tao?"
Maestro: "Entra".
Monje: "No puedo captar el significado".
Maestro: "Sal".

-Cuando usted se encuentre con un maestro en la calle, no hable, no esté callado. ¿Entonces cómo lo saludará?

—Maestro, ¿qué he de hacer ahora?
—Soltarlo todo.

A los pocos días el estudiante vuelve a visitar a su maestro:
—Maestro, lo he intentado soltar todo, pero hay algo que no puedo soltar.
—¡Suéltalo!
—¡No puedo!
—Entonces llévalo contigo.

- Nan-ch'üan interrumpió una disputa entre sus monjes, que discutían acerca de quien era el dueño de un gato, amenazándolos con partir al animal con su espada si ninguno de los monjes era capaz de decir una "buena palabra", es decir, de dar una inmediata expresión de su Zen. Hubo un silencio de muerte y el maestro cortó al gato en dos. Más tarde Nan-ch'üan contó el incidente a Chao-chou, quien en seguida se puso sus zapatos sobre la cabeza y salió del cuarto. "Si tú hubieras estado allí —dijo Nan-ch'üan— el gato se habría salvado."

- Yo he luchado con muchos leones.
- ¿Con cuántos has luchado?
- Con un león.
- Un león es un león. No son muchos leones.
- Un león es todos los leones. Todos los leones son un león.



Y por último mi favorito:

- Dos monjes paseaban por el campo cuando vieron una bandada de patos surcando el cielo. Uno de ellos dijo: "¿Adónde irán esos patos?". Acto seguido, su compañero le abofeteó. "¿Acaso alguna vez salieron volando?".

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